Las elecciones del pasado 5 julio terminaron siendo una jornada democrática y ejemplar, sin embargo y aunque esa no es la percepción demostró que la ola de cambio no es tan fuerte como se podría pensar a pesar del contundente triunfo del Partido Revolucionario Moderno.
La abstención es la más alta de nuestra historia, con un 50% de la misma, los partidos políticos no lograron que la mitad de la población se arriesgara en las calles o se interesará en el futuro político del país aún sabiendo que este está intimamente ligado a la economía, no solo de la nación, si no de los mismos ciudadanos.
¡Vaya cosa!,un país, dónde todo mundo se queja de los gobiernos, pero sus habitantes no se interesan en elegir a quienes dirigirán sus destinos y lo que es peor, la tendencia en otros países es que tras mareas de cambio, si no se llena las expectativas de la población que sí depositó su confianza, se termina de perder la misma, cosa que a juzgar por el número de votantes en estás elecciones y la tendencia en redes sociales pidiendo cabezas no es que falte mucho.
El PRM tiene muchos retos y no solo respecto a la buena gobernanza de la nación, si no en mantener viva la fé de una ciudadanía cansada de politiquería y líderes que no son tales y que espera resultados tangibles sin comprender a veces que el arte de gobernar y la misma ley no permite conseguir todo lo que se quiere.
Esperemos nuestros nuevos gobernantes entiendan que son algo más que un grupo de personas escogidos para gobernar, en este momento histórico son la esperanza de la gente en más de un sentido.
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