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Juventud dominicana: entre promesas incumplidas y desafíos urgentes

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Por Abril Peña

En el Día Internacional de la Juventud, las cifras y realidades que enfrenta la población joven dominicana muestran un panorama que, lejos de ser alentador, evidencia retos estructurales que el país aún no logra resolver.

La juventud —que según la ONU comprende a las personas entre 15 y 29 años— representa una parte clave de la fuerza productiva nacional y el motor potencial del desarrollo. Sin embargo, la falta de oportunidades, la desigualdad y la desconexión entre la formación y el mercado laboral limitan su capacidad para convertirse en ese motor de cambio que se proclama cada 12 de agosto.

1. Educación y deserción escolar

Aunque la República Dominicana ha aumentado la cobertura educativa en la última década, la calidad y la permanencia siguen siendo desafíos.

Solo alrededor del 50 % de los jóvenes en edad de secundaria están matriculados.

Las aulas siguen enfrentando hacinamiento, falta de materiales y docentes insuficientes.

Factores económicos y culturales empujan a muchos a abandonar la escuela para trabajar o, en algunos casos, para perseguir un sueño en el béisbol profesional que pocas veces se concreta.

2. Empleo juvenil y desempleo cualificado

El desempleo juvenil es más del doble que el de los adultos, y un fenómeno preocupa especialmente: los “titis”, jóvenes con título universitario que siguen excluidos del mercado laboral.

Entre 2020 y 2023, un promedio de 88,666 profesionales con estudios superiores estuvo sin empleo cada año, la mayoría mujeres.

Según el Banco Mundial, la oferta de mano de obra calificada crece más rápido que la demanda, reduciendo la prima salarial y obligando a muchos a aceptar trabajos mal pagados, fuera de su área o en la informalidad.

La Oficina Nacional de Estadística (ONE) también clasifica a los jóvenes en otras categorías:

Nisi: No estudia, pero sí trabaja.

Sini: Sí estudia, pero no trabaja.

Sinsin: Sin competencias y sin oportunidades.

Sisi: Sí estudia y sí trabaja.

3. Embarazos y uniones tempranas

La República Dominicana mantiene una de las tasas más altas de América Latina en fertilidad adolescente: 94.3 nacimientos por cada 1,000 adolescentes entre 15 y 19 años.

37.2 % de las jóvenes se une antes de cumplir 18 años, lo que impacta directamente en su educación y posibilidades laborales.

La falta de educación sexual integral y la violencia sexual son factores determinantes.

4. Violencia de género y seguridad

La violencia contra las mujeres jóvenes y adolescentes sigue siendo alarmante.

En 2024 se registraron 58 feminicidios, de los cuales 9 fueron contra niñas y adolescentes.

La violencia física, sexual y emocional continúa afectando el desarrollo pleno de las jóvenes y perpetúa ciclos de pobreza y dependencia.

5. Discriminación y exclusión

Los jóvenes LGBT+, de zonas rurales o con discapacidad enfrentan mayores obstáculos para acceder a la educación, el empleo formal y servicios de salud. La discriminación limita sus oportunidades y aumenta su vulnerabilidad económica y social.

6. Salud mental

La ansiedad, depresión y estrés se han intensificado en los últimos años, agravados por la inseguridad económica y la presión social.

Programas impulsados por el Ministerio de la Juventud y la UNESCO han abordado el bienestar emocional, pero su alcance sigue siendo limitado.

Un reto de país

El desarrollo juvenil no puede ser un discurso vacío en fechas conmemorativas. Requiere políticas públicas integrales que:

Vinculen la educación con el mercado laboral real.

Combatan el desempleo cualificado y el subempleo.

Prevengan embarazos y uniones tempranas.

Atiendan la salud mental con programas accesibles y permanentes.

Reduzcan la discriminación y amplíen la inclusión social.

Invertir en la juventud dominicana es invertir en el presente y futuro del país. De lo contrario, cada año seguiremos repitiendo las mismas cifras y los mismos problemas, pero con menos tiempo para solucionarlos.