Opinión

Jardín Botánico Nacional: Un respiro a la monotonía de la ciudad

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Por: Johanna Belén

En medio del ruido y la expansión urbana de la capital dominicana, el Jardín Botánico Nacional Dr. Rafael María Moscoso se mantiene
como un lugar de paz de naturaleza, educación y recreación. Fundado en 1976 y nombrado en honor al botánico dominicano Rafael María Moscoso, este espacio combina conservación, investigación, educación y actividades sociales para locales y turistas.

Con más de 2 millones de metros cuadrados , el jardín alberga cerca de 1,490 especies de plantas, muchas de ellas nativas y algunas en peligro de extinción. Su biodiversidad incluye palmas, orquídeas, cactus, árboles frutales, plantas medicinales y ornamentales, todas distribuidas en jardines temáticos y senderos ecológicos que facilitan el recorrido y el aprendizaje.

Entre los espacios más visitados:

Jardín Japonés: con lagos, puentes y vegetación cuidadosamente diseñados, ideal para paseos tranquilos, lectura o fotografía profesional.

Jardín de las Mariposas: permite observar diferentes especies de mariposas y aprender sobre su ciclo de vida y función ecológica.
Vivero: donde se cuidan y venden plantas, incluyendo la Bayahibe Rose (Pereskia quisqueyana) , la flor nacional de la República Dominicana. Aquí, los visitantes reciben orientación sobre el cuidado de las plantas y su conservación.

“En el vivero enseñamos cómo cuidar las plantas y fomentamos la conservación de especies nativas” , comentó Yanelis Gómez , encargada de coordinar las actividades del jardín.

El jardín también funciona como centro de investigación científica . Su Herbario Nacional conserva millas de muestras vegetales que permiten a los botánicos y estudiantes estudiar la flora dominicana y contribuir a la protección de especies en
peligro.

Además, se realizan programas educativos y talleres ambientales para estudiantes de escuelas y universidades, donde aprenden sobre botánica, conservación de ecosistemas y la importancia de cuidar los recursos naturales.

«Es un espacio donde la educación y la ciencia se encuentran con la naturaleza. Los jóvenes pueden ver y tocar plantas que normalmente solo se estudian en libros» , explicó Johanna Peralta , empleado del jardín.

Celebraciones y actividades sociales

El Jardín Botánico también ha ganado popularidad como escenario para bodas,sesiones de fotos y celebraciones familiares . Sus jardines, puentes y senderos floridos crean ambientes ideales para inmortalizar momentos especiales, integrando la belleza natural con la vida social de los visitantes.

«Se siente un ambiente de calma ya la vez aprendes sobre la biodiversidad del país. Es perfecto para caminar con la familia o hacer sesiones de fotos profesionales» , afirmó María Fernández , visitante y directora del liceo hermanas mirabal.

Se realizan eventos culturales y talleres para el público en general , como exposiciones de plantas, charlas educativas y actividades de observación de aves y mariposas.

Árbol seiba

El ingreso al jardín tiene un costo de 150 pesos por persona . Los visitantes pasan por la boletería antes de ingresar al botánico y le colocan un cintillo amarillo en la muñeca del brazo.

Curiosidades y datos historicos

El Jardín Botánico Nacional fue inaugurado el 15 de agosto de 1976 y es uno de los espacios más importantes para la conservación de la flora caribeña.

Su Jardín Japonés es uno de los más grandes de América Latina, inspirado en los jardines tradicionales de Japón. Turistas de otros países visitan el lugar para ver su gran albor , el cual es el más grande de América latina.

Entrada del jardín Japonés

El Jardín de las Mariposas busca educar sobre la importancia de estos insectos en los ecosistemas y se mantiene gracias a la Fundación Ámbar.

Cada sendero y jardín está diseñado para permitir el aprendizaje visual y práctico sobre especies nativas y exóticas.

Un pulmón verde que conecta ciudad y naturaleza
El Jardín Botánico Nacional Dr. Rafael María Moscoso se mantiene como uno de los principales pulmones verdes de Santo Domingo , donde convergen la naturaleza, la ciencia y la recreación. Cada visita ofrece la oportunidad deconectarse con la flora dominicana, participar en actividades educativas y disfrutar de un entorno que también sirve como escenario para momentos únicos de la vida cotidiana.

«Es increíble ver cómo un solo lugar puede unir ciencia, educación, recreación y hasta celebraciones familiares. Cada visita es diferente y siempre se aprende algo nuevo”.