Entrega 1 de 3: Escuchar a la Tierra
La madre que nos nutre ha alzado la voz
Por Waldys Guillermo Fabián Mirambeaux
Los aniversarios marcan la vida: unos celebran el nacimiento; otros recuerdan pérdidas que nos transforman. La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Primada de América, conmemora este 28 de octubre sus 488 años con un mensaje que nos interpela: La Tierra habla… ¿la estamos escuchando?
Durante los últimos tres siglos la humanidad ha logrado enormes avances tecnológicos-sociales, a principios del siglo XX la población mundial era de apenas unos 1,000 mil millones de habitantes a 6000 mil millones a inicios de este siglo, a mediados del siglo XIX el promedio de esperanza de vida era 27-30 años de media, actualmente el promedio de vida global según la OMS es de 73,3 años de vida. Sí analizamos detenidamente todos los indicadores de desarrollo humano en un siglo y medio se han multiplicado. Todos estos logros para la humanidad no se pueden comprender sin el avance de la ciencia y la tecnología.
Sin embargo, todos estos avances han tenido han dejado un pasivo medioambiental enorme en nuestro planeta, el uso de combustibles fósiles, ganadería intensiva, modelos de desarrollo que no tienen en consideración el desarrollo sostenible. En la encíclica papal «Laudato si» se habla de escuchar el clamor de la tierra y el clamor de los pobres. Las regiones más afectadas por el cambio climático son las que están en mayor situación de vulnerabilidad económica, además sufren la degradación de los suelos por sequias y fenómenos del niño.
La Universidad Autónoma de Santo Domingo, nos interpela al preguntarnos si estamos escuchando la tierra, es una pregunta que todos debemos hacernos, nuestro planeta parte de recursos finitos en algún momento tendrán un fin; UASD como ente público del Estado dominicano tiene una función social en la sociedad dominicana, analizar e investigar sí estamos cumpliendo que objetivos de desarrollo sostenible, en las operaciones mineras que actualmente operan en territorio dominicano. Así como, sí nuestros estándares agropecuarios tienen en consideración el desarrollo de una agricultura sostenible.
La actualización de la línea grafica de la universidad reúne el planeta, el agua y la vegetación junto a la Madre Nutricia. La escultura, de pecho descubierto, evoca a la madre que amamanta; en su mano izquierda sostiene el escudo universitario. Alma mater significa madre que nutre: La Universidad nos alimenta de conocimiento; la Tierra, de agua, aire y alimento.
En efecto, la maternidad enlaza nacimiento y cuidado. Después de nacer, necesitamos alimento y protección para seguir viviendo. Así lo aprendimos en casa, de nuestras madres y abuelas, que nos enseñaron a no desperdiciar el agua ni la comida. La Madre Nutricia representa ese sustento; el agua y la vegetación recuerdan nuestra dependencia de la Tierra. Sin embargo, la herimos con la basura en los ríos y cañadas, con la tala de nuestros montes y con las emisiones que calientan el planeta. Al herirla, nos dañamos y comprometemos el futuro de nuestra descendencia.
Toda la creación gime a una, escribe San Pablo en la Carta a los Romanos (8:22). La expresión – A una- Significa a la vez, conjuntamente. El pasaje une sufrimiento y esperanza de renovación mediante la imagen de los dolores de parto. Su vínculo con la Madre Nutricia está en la continuidad de la vida: la que nace necesita ser nutrida; la que recibimos exige cuidado.
El derecho aporta un deber milenario: alterum non laedere, “no dañar al otro”, uno de los tres preceptos del derecho recogidos en las Instituciones de Justiniano. Quien contamina un río perjudica al agricultor que riega su conuco y a la familia que bebe de esa agua. Ese deber guarda consonancia ética con el mandato “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:39). Cuidar la Tierra es también cuidar al prójimo.
El cantautor cubano Silvio Rodríguez aporta urgencia en su canción La era está pariendo un corazón. En ella, el poeta escucha el llanto de la tierra, siente que el porvenir está en peligro y comprende que hay que acudir de inmediato, aunque ello signifique renunciar a la comodidad del propio hogar.
En mi lectura, abandonar esa comodidad es dejar atrás la indiferencia, y la imagen hiperbólica con que cierra expresa un compromiso sin reservas con la vida. Por consiguiente, la campaña puede despertar esa conciencia y convertirla en acción.
La ciencia traduce el lamento
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), creado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), concluyó en su Informe de síntesis de 2023 que las actividades humanas han causado, sin lugar a dudas, el calentamiento global. En la década 2011-2020, la temperatura de la superficie del planeta fue aproximadamente 1,1 °C superior al promedio de 1850-1900, es decir, de la época anterior a la industrialización.
La OMM informó el 10 de enero de 2025 que 2024 fue el año más cálido registrado hasta entonces: aproximadamente 1,55 °C por encima de esa misma referencia, con un margen de incertidumbre de ± 0,13 °C. Son escalas distintas: una década frente a un solo año. Por eso, un año por encima de 1,5 °C no equivale a superar el límite de calentamiento a largo plazo fijado en el Acuerdo de París.
El calentamiento global es el aumento sostenido de la temperatura media del planeta; el cambio climático comprende alteraciones más amplias en lluvias, sequías, océanos y ecosistemas. Mitigar es reducir las causas; adaptarse, prepararse para las consecuencias. Los sismos, también presentes en la campaña, tienen causas geológicas, no climáticas. Ambos riesgos, sin embargo, exigen prevención.
La Tierra habla, la ciencia escucha, la Universidad interpreta y nosotros actuamos. Amemos a esta madre generosa y dejemos a nuestros hijos un país más verde y justo. ¡Que nuestra gratitud se convierta en cuidado!
En la próxima entrega veremos cómo la campaña hace conversar a la Tierra y por qué la memoria también previene.
(Continuará)
Sobre el autor
Waldys Guillermo Fabián Mirambeaux es abogado, diplomático y profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Cuenta con formación diplomática del Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular (INESDYC). Ha cursado estudios de cuarto nivel en Justicia Constitucional, Derecho Procesal Civil y Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, y cursa la especialización en Derecho Minero-Energético en la Universidad Externado de Colombia.
Las opiniones son personales y no comprometen a las instituciones con las que está vinculado.



