POR JOSE A. E. POLANCO GOMEZ | Mayor General (r) P.N.
La sociedad dominicana quedó amilanada, aturdida, zigzagueante y muy confusa, por un hecho ocurrido el 17 abril del año en curso, en la ciudad de Santiago de los Caballeros, donde lamentablemente falleció el Sr. Deivi Carlos Abreu Quezada, de 41 años de edad, chofer de un camión recolector de basura. Dicho hecho ocurrió en el parqueo del Palacio de Justicia de esta ciudad. Este esperpento y fatídico suceso ocurrió luego de que el occiso fuera perseguido por un grupo de motorizados, que en este caso actuaron como una banda violenta y criminal, sin control, logrando alcanzarlo cuando este se detuvo y resultó apuñalado. Este grupo, que con sus acciones se convirtieron en una horda con instintos criminales y violentos, actuó y desafió la autoridad del Estado, la convivencia pacífica, el buen orden, las buenas normas morales y las costumbres del pueblo dominicano. Además, cometieron una afrenta grave contra la sociedad dominicana que no se puede tolerar. A estos malhechores se les debe aplicar mano dura, mano justa y mano inteligente, ya que irrespetaron un lugar donde funcionan estructuras de poder del Estado y del país. Además, ultrajaron un área donde se garantiza el Estado de derecho ciudadano y se imparte justicia. (Hay motoristas serios y trabajadores; también malos, la acción de este grupo no lo puede dañar a todos).
De acuerdo con el estadista y político Robert Peel, de Inglaterra, quien fuera primer ministro en el año 1829 y quien es considerado el padre de los cuerpos de policía profesionales y modernos, la prevención del delito y el crimen con respaldo ciudadano es la principal función y misión policial. Peel también planteaba que el marco conceptual del servicio policial se basa en cumplir tareas enfocadas a la protección de vidas humanas y propiedades públicas y privadas; así como también fomentar en las poblaciones una cultura de paz.
Quisiera llamar la atención de la sociedad, principalmente de los más jóvenes (hombres y mujeres), y recordarles que en una sociedad de personas violentas y criminales no se avanza y aunque sabemos que siempre van a existir estos tipos de sujetos despreciables, es sencillamente aplicar lo que planteaba Gneo Ulpiano, un redactor del código jurídico romano, cito: “Justicia y derecho es darle a cada quien lo que le pertenece”. La sociedad espera que a esta horda se le aplique todo el peso de la ley, ya que a pesar de los ruegos de la víctima para que le salvaran su vida, la reacción después de la acción no fue como él esperaba.
Los cuerpos de policía en las sociedades democráticas son de las instituciones más importantes del Estado y sus funciones no pueden ser segmentadas cuando se trata de preservar y actuar para salvar vidas humanas; su actuación siempre debe ser rápida, profesional y de manera holística.
El matemático, escritor y sociólogo noruego, Johan Vincent Galtung, habló de tres tipos de violencia (triángulo de la violencia): la violencia cultural, la violencia estructural y la violencia directa (este grupo actuó con esta última que implica acciones verbales y físicas que dañan a las personas). Por esta situación explicaba Galtung, los Estados deben entender la multidimensionalidad del conflicto para poder desarrollar políticas públicas relacionadas con la dinámica del tema.
En el año 2006, en la sociedad dominicana se empezó el Plan de Seguridad Democrática, que consistía en 22 programas y 11 subprogramas; pero luego del año 2013, dicho plan dejó de funcionar, es decir, se fragmentó la política de continuidad de Estado. El referido programa tenía como base o eje principal la seguridad preventiva y de la criminología, esta última enfocada en estudiar y buscar el origen del problema de la criminalidad, la violencia y la delincuencia. Estos estudios y mediciones sociológicas permitirían a su debido tiempo validar y monitorear el comportamiento social para luego definir acciones estratégicas basadas en políticas públicas y así poder combatir con eficacia estos males sociales, haciendo hincapié en la prevención del delito (sin dudas ha sido el talón de Aquiles por décadas en el ámbito de la seguridad ciudadana en el continente americano y otras áreas del mundo). Debemos hacer esfuerzos en la sociedad dominicana por retomar la cultura y el amor a la educación y a la formación académica. Esto es debido a que la parte persecutora y sancionadora del delito, como son el DICRIM y otras áreas policiales, el Ministerio Público, los jueces y todo el sistema, actúan después que ocurren los hechos, como lo establecen las normativas legales.
El autor es Diplomado en Conflictos Contemporáneos. Ex Jefe de la Policía Nacional, de la Dirección Central del Partido Fuerza del Pueblo y Vicesecretario de la Secretaría de Seguridad y Defensa del partido.



