Opinión

Fuera del sistema: la batalla invisible de los mayores dominicanos por una igualdad laboral

Por Frank Hernández.


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Soy joven para recibir mi pensión, y viejo para seguir trabajando.
El edadismo, esa discriminación silenciosa por razones de edad, se ha convertido en el principal filtro que expulsa a los adultos mayores del mercado laboral dominicano, mientras naciones como Japón implementan políticas activas para retener su talento senior.

Este fenómeno no es un caso aislado, sino la punta del iceberg de una crisis estructural. Según datos del Consejo Nacional de la Persona enveciente (CONAPE), que sobrepasa los 11 millones de habitantes, cerca de 1.2 millones de personas superan los 60 años.

Lo más lamentable es, nos desvivimos en procrear una familia, inculcarles valores a nuestros hijos, para luego terminar en un asilo.

Las proyecciones de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) indican que para 2050, uno de cada cinco dominicanos pertenecerá a este grupo etario .

Sin embargo, a diferencia de otras latitudes, la sociedad dominicana parece estar preparándose para el envejecimiento poblacional desechando a su fuerza laboral más experimentada.

Si queremos cambiar debemos de copiar cultura de la Amazonía, como los Yanomami, Waorani, estos grupos étnicos las personas mayores de edad son Sabios consejeros.

Incluso nuestra cultura Taina, los Mayores de edad, eran quienes guiaban a los más jóvenes, tenían un rol establecido.

Los Ancianos Taínos, cumplían con una función vital, era cultivar la etnología, traspasar la cultura generacional, cuando caía la noche, se sentaban con los niños a contar las historias vividas de sus antepasados.

El techo de cristal gris

El mercado laboral dominicano opera bajo un prejuicio peligroso: la falsa ecuación entre juventud y productividad.

Informes del CONAPE revelan que es común encontrar ofertas de trabajo que explícitamente “prefieren trabajadores menores de 35 años”, ignorando por completo la plusvalía que aporta la experiencia .

“La sociedad ha naturalizado comportamientos hacia las personas mayores contrarios a la dignidad humana.

Las estadísticas del CONAPE reflejan la desesperación: han recibido cientos de “solicitudes de ayuda económica” de personas que “han manifestado tener capacidad laboral, pero que se les dificulta el acceso al trabajo por su edad” .

En el plano profesional los ciudadanos luego de un sacrificio para aportar a la nación, construir un una carrera universitaria, para luego el sistema cerrar las puertas y no poder optar por un empleo es desalentador.

Sectores enteros, como la seguridad privada y la limpieza, se convierten en las opiniones laborales’ para quienes logran burlar el filtro, usualmente con salarios por debajo de la media y sin prestaciones.

La situación se agrava exponencialmente para las mujeres, quienes sufren una discriminación múltiple: por edad y por género, siendo relegadas al trabajo de cuidados no remunerado dentro del hogar .

El contraste nipón: una lección de sostenibilidad.

Mientras en República Dominicana se impone el retiro forzoso o la exclusión encubierta, Japón, la sociedad más envejecida del planeta, ha optado por el camino opuesto.

Ante la escasez de mano de obra joven, el gobierno japonés ha implementado un agresivo plan de incentivos fiscales y subsidios directos para las empresas que mantengan en nómina a personas mayores de 65 años .

Debemos de impulsar a crear políticas públicas que vallan dirigidas a cambiar este mal que afecta la sociedad de la Republica Dominicana.

Los ancianos de nuestro país llegan marcados en la postrimería de su vida.

Japón es un país que apuesta a sus mayores de edad, en el plano laboral los ancianos desempeñan un papel protagónico, son en las juntas directivas consejeros, asesores.

Ver en las calles de Japón a personas mayores de edad trabajando sin ninguna diferencia social.

Que una persona mayor se sienta útil es muy importante, manda un mensaje directo a la juventud, que en algún momento serán mayores también

El modelo asiático no solo promueve la recontratación de jubilados, sino que invierte en su reconversión digital y ofrece esquemas de jornadas flexibles para una transición gradual al retiro.

Allí existe incluso la figura del madogiwazoku o “trabajador de ventana”, empleados veteranos cuyas funciones se reducen, pero cuya permanencia es valorada para preservar la cohesión interna y la transmisión del conocimiento .

En Japón, la experiencia es un activo; en República Dominicana, un pasivo. Mientras la nación caribeña desperdicia el talento de sus mayores, el país nipón sostiene su economía gracias a él.

Sociología del descarte

¿Por qué ocurre este fenómeno en la República Dominicana? La respuesta es multifactorial, pero se ancla en lo que la OMS define como “estereotipos, prejuicios y discriminación por edad” . Sociológicamente, operan dos fuerzas principales:

El mito de la obsolescencia: Existe la percepción errónea de que todos los adultos mayores presentan las mismas condiciones de salud y falta de adaptabilidad.

Esto ignora la heterogeneidad del envejecimiento y la capacidad de aprendizaje continuo.

Algo penoso es la exclusión financiera de los mayores, negándoles acceso a créditos hipotecarios o personales.

¿Qué hacer? Más allá de los titulares

Sin embargo, no todo está perdido. El CONAPE, consciente de esta realidad, ha lanzado iniciativas como “Pasante con Sabiduría”, un programa de reinserción laboral que ha logrado colocar a 259 adultos mayores en espacios productivos durante 2025 .

Pero estas acciones son gotas en un desierto si no van acompañadas de un cambio cultural profundo. Hace falta una ley de cuotas laborales senior, auditorías a los procesos de selección para detectar edadismo y, sobre todo, campañas de sensibilización pública que rompan el estigma.

Mientras República Dominicana no valore la longevidad como un activo, estará condenada a repetir el círculo vicioso de la pobreza en la vejez.