Editorial

“Friusa” una oportunidad histórica que se nos fue de las manos

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Lo que ocurrió ayer en Friusa no solo fue un error de forma: fue un desatino de fondo. Los organismos de seguridad del Estado dominicano, en vez de garantizar una protesta ordenada y legítima, respondieron con torpeza a una provocación que debió ser esperada, sobre todo sabiendo que estarían allí quienes a la postre dieron pie al altercado, ese es su modus operandis, y debió haberse previsto. Esos errores en política y en imagen, salen caros. Muy caros. Ayer no fue la Antigua Orden, ni el gobierno quienes perdieron, perdió el país.

La marcha convocada para expresar el rechazo a la inmigración irregular y defender la identidad nacional era una oportunidad —gratuita, por demás— para que el Estado dominicano enviara al mundo un mensaje claro y contundente que la República Dominicana no negocia ni su soberanía, ni su dignidad y que tenemos el derecho de administrar el tema migratorio acorde a nuestra leyes, Pero en lugar de aprovecharla con la sobriedad y sensatez que ameritaba, terminamos optando por un camino que evitó tal vez males mayores (si creemos la versión dada) pero que en nada sirve de consuelo, ni sirve para lo que el país necesita en estos momentos: darse a respetar y recordar a los de aquí y a los de allá, que todo tiene un límite y el de RD hace tiempo que se rebasó y que lo mucho hasta Dios lo ve.

Los propios organizadores de la marcha resaltaron públicamente su carácter pacífico y admitieron la existencia de infiltrados. Pero incluso si los organizadores no lo supiesen, los organismos de seguridad debían haberlo esperado, más allá de algunos intentos aislados de provocación, la manifestación parecía avanzar con normalidad. Todos sabíamos que el riesgo existía y precisamente por eso, el deber era actuar con inteligencia. No permitir que “figuras” —y en este país, cualquiera lo es— desvirtuaran una expresión del sentir colectivo, y en resumen, permitieron que les llevaran a su terreno, al que a ellos les gusta, el que los pone en el ojo público y esa es una factura que también debemos cobrar a los personeros, a las mal llamadas “personas de influencia”, que queriendo o sin querer —por intereses o por views— terminaron desvirtuando una lucha que era de todos, no solo para sus bolsillos, habrá que ver cuál será la respuesta del Estado o si como de costumbre se les permitirá salirse con la suya.

La función de las autoridades no era responder a la insensatez con gases lacrimógenos ni con chorros de agua. Tampoco era convertir la prevención en espectáculo, como a la postre lo fue, más aún cuando sabemos que en una semana, !con suerte¡ ese despliegue saldrá de Friusa y volveremos al mismo abandono de siempre y aunque no le podemos exigir a policías y militares que respondan con rosas a los ataques con piedras, debe haber otra forma más eficiente de reducir a la obediencia en escenarios de ese tipo.

El papel del Estado era proteger los derechos de todos: dominicanos y haitianos pero sin caer en provocaciones. Fallaron. ¡Y de qué manera! Porque protegieron !SI¡ pero cayeron en la trampa.

Y para mayor gravedad, todo esto ocurrió el 30 de marzo, Día de la Batalla de Santiago. Una fecha que representa una de las gestas más importantes de nuestra historia, cuando el pueblo dominicano defendió con coraje su soberanía frente a un ejército invasor. Ese día, en 1844, se luchó por la independencia. Este año, el mismo día, se reprimió una expresión ciudadana que exigía defenderla, por las apetencias de un grupito, que no representan a la mayoría aunque por su penetración ellos y muchos crean que si. El contraste no puede ser más doloroso ni más simbólico: en lugar de honrar nuestra historia, la manchamos con gases y golpes.

Cualquier altercado, cualquier exabrupto, debió haberse manejado sin estridencias. Se debió a personas de “interés” hacerles un trabajo fino de seguimiento para prever lo que terminaron haciendo desviándose para entrar a una zona que aunque no debería estar vedada a ningún ciudadano era insegura y eso era bien sabido, sin embargo ayer quedó demostrado que nos falta autoridad, porque un Estado que se ha dado a respetar, difícilmente en un escenario como ese, nadie se arriesgue a lo que sucedió ayer y ni hablar del hecho de la supuesta peligrosidad del sector de Matamosquito, queda claro que allí de alguna manera quienes gobiernan son otros.

Esta actuación de las autoridades dio argumentos a quienes acusan al Gobierno de priorizar los intereses empresariales, de limitar el libre tránsito, de temer el qué dirán internacional, y de vivir de espaldas a las emociones legítimas de su pueblo, aunque el accionar estuviese justificado y demuestra que el buenismo con ciertas figuras terminan construyendo monstruos, que luego serán muy difíciles de controlar, hace un tiempo fue la zona colonial ayer fue Friusa e increíblemente de quiénes se esperaba peor comportamiento “La nueva Orden” ayer silenciaron a mucha gente con su civismo y responsabilidad, pero eso no genera views.

Hoy, lo que queda es una oportunidad desperdiciada de enviar un mensaje contundente. Una ciudadanía indignada. Y un Estado que, una vez más, no estuvo a la altura de su responsabilidad. Y no fue por falta de recursos. Fue por falta de carácter.

Por no decir otra cosa más acorde al espíritu del pueblo en estos momentos.

Y quizás lo más lamentable fallamos todos el mismo día en que alguna vez defendimos la patria con honor…