Opinión

Francisco Javier, un gran abridor…

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Por Jorge Lendeborg

En la República Dominicana hay dos pasiones que desatan emociones, debates y multitudes: el béisbol y la política. Y aunque el calendario electoral marca que solo cada
cuatro años se abren oficialmente las temporadas de campaña, en este país caribeño pareciera que la política, como la pelota invernal, nunca se detiene del todo.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), ese equipo morado que dominó el terreno
por varias temporadas consecutivas, vio su racha ganadora interrumpida en el 2020.

Pero como los Yankees tras un año malo, comenzó temprano sus entrenamientos de primavera.

Y en este nuevo juego, el PLD puso de abridor a un veterano confiable: Francisco Javier García, un lanzador de experiencia, con el aplomo de quien ya ha manejado partidos
cerrados y escenarios difíciles. Francisco ha sabido mantener el juego en movimiento, haciendo outs, forzando roletas, y controlando el ritmo… pero sin lograr ponchar
consistentemente a la oposición.

Su recta ya no alcanza las 95 millas, y su cambio engañoso no es suficiente para contener una ofensiva rival que viene con hambre. El partido, para muchos, parecía perdido.

Pero entonces, el árbitro principal, el Tribunal Superior Electoral, decidió suspender temporalmente el juego interno pautado para febrero de 2026, dándole oxígeno al bullpen
morado.

Ahora es tiempo de que los lanzadores intermedios entren a escena, calienten el brazo, trabajen unos cuantos innings, y preparen el escenario para el cerrador. Porque si el PLD quiere remontar, necesita más que un lanzador con experiencia: necesita alguien que venga a cerrar con autoridad.

Y ojo: el equipo está mostrando señales de vida. Su cuarto bate, Danilo Medina, está de regreso. Y en sus últimas apariciones al plato, parece que el PLD tiene dos Juan Soto en su alineación.

El juego se ha puesto interesante. Pero todo gran equipo sabe que para ganar en las últimas entradas, se necesita un cerrador letal, alguien que entre con el juego en la línea, con el estadio rugiendo, y baje la bola a 98 millas por hora, con un slider que rompa adentro y con carácter de campeón.

Y ese cerrador tiene nombre y apellido: Gonzalo Castillo.

Sí, el mismo que en 2020 fue subestimado por muchos. El que cargó con un partido en medio del caos, el que dio la cara cuando muchos se escondieron.

Hoy, con más madurez, más lectura del juego, y con un equipo que empieza a responder, Gonzalo
podría ser el Mariano Rivera del PLD. El que cierre el partido con autoridad, con humildad… pero con fuego en el brazo.

La temporada aún no está perdida. Pero para hacer historia, hay que jugarla como en octubre: con nervio, con corazón… y con un cerrador de verdad.

(Mención al maestro Luisín Jiménez)