Frank Hernández
Economista
Durante las últimas décadas, la República Dominicana ha logrado avances importantes gracias al turismo, las remesas y los servicios.
Sin embargo, el verdadero desafío para consolidar un crecimiento sostenible consiste en fortalecer el sector secundario de la economía, es decir, la industria manufacturera, la transformación de materias primas y las zonas francas.
Ningún país ha alcanzado altos niveles de desarrollo dependiendo exclusivamente de los servicios.
Las economías más exitosas han construido una base industrial sólida capaz de generar empleos de calidad, exportaciones con valor agregado y una mayor capacidad para enfrentar crisis internacionales. La República Dominicana no debe ser la excepción.
En este contexto, las zonas francas individuales representan una herramienta fundamental. Estas empresas han demostrado su capacidad para atraer inversión extranjera, generar miles de empleos formales y posicionar al país en cadenas globales de producción.
Más que aumentarles cargas burocráticas o fiscales, el objetivo debe ser fortalecerlas mediante incentivos a la innovación, capacitación laboral e infraestructura moderna.
El talón de Aquiles es China
China le ha comido los caramelos no solo a la República Dominicana, a EE. UU en materia industrial, competir con el dragón asiático es imposible, la capacidad de producción, bajo costos de operaciones, trasporte marítimo muy bajos y el caramelo envenenado que es la devaluación de su moneda, eso es cuando se compare en dólares se vea muy atractivo para los inversores.
Otro problema es el que describía más arriba sobre la modernización de la infraestructura, naves de Zonas Francas muy antiguas, pocas tecnologías en los procesos de fabricación.
Si bien es cierto que la época de oro fueron los 80 y la postrimería de los 90 luego entra la gran debacle.
Asimismo, resulta positivo que el Gobierno haya dejado claro que no pretende imponer nuevas cargas impositivas a las micro, pequeñas y medianas empresas.
Las mipymes constituyen una parte esencial del tejido productivo nacional y son responsables de una gran proporción del empleo.
Cualquier política fiscal debe proteger su capacidad de crecimiento y formalización.
Otro desafío importante es la creciente competencia internacional, competitividad de muchas industrias en América Latina y el Caribe.
La respuesta dominicana no puede ser el proteccionismo aislado, sino la inversión en productividad, tecnología, logística y formación técnica.
No obstante, también es necesario reconocer que el debate fiscal no puede analizarse únicamente desde la perspectiva interna.
El contexto internacional actual presenta riesgos significativos.
Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, particularmente alrededor de Irán y del Estrecho de Ormuz, pueden afectar directamente los precios mundiales del petróleo y del transporte marítimo.
Una interrupción importante en esa ruta estratégica tendría repercusiones sobre los costos energéticos y las finanzas de numerosos países importadores de combustibles, incluyendo la República Dominicana.
Por esa razón, muchos economistas consideran razonable que el Estado busque fortalecer sus finanzas públicas y garantizar recursos suficientes para enfrentar posibles escenarios de volatilidad internacional.
Un ajuste fiscal bien diseñado puede contribuir a la estabilidad macroeconómica, siempre que preserve la competitividad empresarial y proteja a los sectores más vulnerables.
La discusión sobre gravar mayores niveles de ingresos personales o revisar beneficios aplicables a grandes empresas debe realizarse con equilibrio.
El objetivo no debe ser castigar la inversión ni desalentar la generación de riqueza, sino construir un sistema tributario sostenible que permita financiar infraestructura, educación técnica, energía y seguridad jurídica, factores indispensables para el desarrollo industrial.
En definitiva, la República Dominicana necesita una estrategia de largo plazo que combine disciplina fiscal con una política agresiva de fortalecimiento industrial.
Apostar por las zonas francas, impulsar la manufactura nacional, apoyar a las mipymes y mejorar la competitividad frente a economías como China son pasos esenciales para construir una economía más resistente, diversificada y preparada para los desafíos del siglo XXI.
Gastar menos
Es importante que el gobierno frene el gasto excesivo, un plan de austeridad ya que más rico no es el que más busca, es el que más ahorra.



