Más allá de los posibles errores que pudieron haber cometido las autoridades, de la indolencia de la gente vertiendo la basura en las calles, lo cierto es que estos fenómenos atmosféricos desnudan la realidad de República Dominicana.
Por un lado, la desigualdad existente, solo hay que ver las imágenes dantescas de algunas cañadas, el desorden urbanístico con el que creció la ciudad o como las lujosas torres de clase alta se inundaban o filtraban agua dejando que la clase media y alta salieran de su burbuja y entendieran lo que viven los más desposeídos y es que nadie está seguro.
¿Alguien se ha puesto a calcular si un aguacero fuerte puso de rodillas a la capital que se puede esperar de fenómenos más cruentos? En todo el mundo se puede ver cómo estos son cada vez más a menudo, pero tambien más agresivos, ¿está RD preparada para esos embates? Definitivamente no, somos un país con numerosas fallas tectónicas y solo hay que pedir que Dios nos libre de un terremoto porque posiblemente esos edificios y esos caseríos no resistirán por mucho que se diga que se construyeron cumpliendo con los requisitos de ley y la gente sabe poco o nada de como reaccionar y eso es por poner un ejemplo.
Lo cierto es que aunque muchas cosas son imprevisibles, si hay un plan, hay menos daños, se pueden mitigar, la naturaleza cambió forzada por la irresponsabilidad humana y nosotros no hemos hecho lo que nos corresponde para sobrevivir a sus embates, que está experiencia sirva para ver los yerros, porque las lluvias seguirán, y en algún momento tendremos que enfrentar terremotos, maremotos, etc., Y cuando ese momento llegué, a Dios que nos agarre confesados.
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