@abrilpenaabreu
La más reciente encuesta Gallup República Dominicana para Diario Libre deja una de las señales políticas más importantes de los últimos años, aunque probablemente no sea la que más titulares genere. Más allá de los porcentajes de aprobación o de las evaluaciones sectoriales del Gobierno, el estudio parece confirmar algo que ya muchos intuían: Luis Abinader podría ser hoy políticamente más fuerte que el propio Partido Revolucionario Moderno.
Y eso, aunque parezca una ventaja, también puede convertirse en uno de los mayores desafíos del oficialismo rumbo al 2028. La encuesta muestra una paradoja interesante. La percepción económica de la población se deteriora, aumentan las preocupaciones sobre pobreza, costo de vida y seguridad ciudadana, pero aun así el presidente mantiene niveles importantes de respaldo y legitimidad política.
Normalmente, cuando la economía comienza a generar ansiedad social, los gobiernos pagan un costo político más acelerado. Sin embargo, en este caso parece existir una separación entre el desgaste de las condiciones económicas y la valoración personal del mandatario. Y ahí nace el fenómeno.
Muchos dominicanos parecen distinguir entre el Gobierno como estructura y Luis Abinader como figura. No necesariamente sienten satisfacción plena con la situación económica, pero tampoco responsabilizan completamente al presidente de ella. Parte de la población parece percibirlo más como un administrador que enfrenta circunstancias difíciles que como el causante directo del problema.
Eso explica por qué, aun en medio de inflación acumulada, presión sobre el costo de vida y creciente sensación de dificultad económica, el mandatario conserva niveles de aceptación relativamente sólidos.
Pero esa misma fortaleza personal abre una pregunta incómoda para el PRM: ¿qué ocurrirá cuando Luis Abinader ya no esté en la boleta electoral?
Porque una cosa es tener un presidente popular. Otra muy distinta es lograr transferir ese capital político hacia otro liderazgo y la historia política dominicana demuestra que eso rara vez ocurre de manera automática.
El PLD vivió durante años alrededor del liderazgo de Leonel Fernández y posteriormente de Danilo Medina. El PRD dependió enormemente de la figura de José Francisco Peña Gómez. Incluso el reformismo nunca logró reconstruir completamente la fuerza electoral que tenía Joaquín Balaguer como figura central.
La República Dominicana tiene una tradición profundamente personalista en su cultura política. Los partidos importan, sí, pero muchas veces funcionan alrededor de liderazgos individuales más que alrededor de proyectos institucionales sólidos.
Por eso la encuesta también puede interpretarse como una advertencia silenciosa para el oficialismo. El verdadero examen del PRM no será únicamente mantener buenos indicadores macroeconómicos ni continuar inaugurando obras. Será demostrar que puede sobrevivir políticamente más allá de Luis Abinader.
Y ese desafío comienza desde ahora, porque mientras más fuerte sea la figura presidencial dentro del partido, más compleja suele volverse la lucha por la sucesión. Los aspirantes internos necesitan crecer políticamente, pero sin parecer amenazas anticipadas al liderazgo central. Las corrientes internas comienzan a moverse. Las estructuras empiezan a alinearse. Los grupos de poder se reorganizan silenciosamente alrededor de posibles escenarios futuros.
Y aunque públicamente todavía predomine la unidad, en política las transiciones nunca son procesos completamente tranquilos. Más aún cuando el principal activo electoral del partido no podrá repostularse.
La oposición, naturalmente, también observa este fenómeno con atención. Porque si logra instalar la narrativa de que el problema no era Abinader sino el modelo de gobierno del PRM, el oficialismo podría enfrentar un escenario mucho más complejo sin la figura presidencial encabezando la boleta.
Pero mientras tanto, la encuesta deja una conclusión clara: Luis Abinader sigue siendo hoy el principal sostén político del oficialismo dominicano.
Y quizás precisamente por eso, el futuro electoral del PRM dependerá de una pregunta todavía sin respuesta: ¿el apoyo popular pertenece realmente al partido… o pertenece sobre todo al presidente?



