Opinión

Ética profesional: el verdadero valor de una carrera

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Por Genara Sánchez

El Pregonero, Santo Domingo.-En tiempos donde la competencia y la inmediatez marcan el ritmo del mundo laboral, la ética profesional se vuelve más que una simple recomendación: es una necesidad urgente, ya no basta con tener títulos colgados en la pared o un currículum lleno de experiencia; lo que realmente sostiene la credibilidad de un profesional es su conducta, su compromiso con lo correcto, incluso cuando nadie lo está mirando.

La ética profesional no es una camisa que uno se pone para cumplir con formalidades, es un principio de vida que implica actuar con honestidad, asumir responsabilidades, respetar a colegas y clientes, y proteger la confianza depositada en nosotros. El talento sin ética puede ser incluso peligroso.

Un aspecto fundamental, y tristemente común, es el robo del trabajo ajeno, tomar ideas, investigaciones, escritos o proyectos de otra persona y presentarlos como propios no solo es una falta de respeto, sino una grave violación ética, cada obra tiene un autor, y reconocer ese mérito no es opcional, es obligatorio.

Robar el esfuerzo intelectual o creativo de otro no solo demuestra falta de principios, sino también una carencia total de profesionalismo. El respeto por la autoría es respeto por la dignidad humana.

Lamentablemente, muchos han caído en la tentación de sacrificar sus valores por dinero, poder o fama, hemos visto periodistas que venden su pluma, ingenieros que avalan construcciones defectuosas, funcionarios que encubren irregularidades. Cada vez que alguien actúa sin ética, daña no solo su reputación, sino también la imagen de toda su profesión.

Por eso, es urgente formar profesionales éticos desde las aulas. La educación no puede centrarse únicamente en lo técnico o académico, debe fomentar el juicio moral, la responsabilidad social y el respeto por los derechos humanos, solo así tendremos una sociedad más justa, donde el trabajo no sea solo un medio de sustento, sino también una contribución al bien común.

La ética profesional no es negociable, es lo que nos permite dormir tranquilos, mirar a los ojos a quienes servimos y saber que, más allá de nuestros logros, fuimos personas íntegras. Y eso, en cualquier profesión, vale más que cualquier premio.