Puerto Rico pasa nueva vez por una prueba de fuego, en esta ocasión con un terremoto, cuando aún no han terminado de ponerse de pie, de los fenómenos atmosféricos que le han afectado y aunque como seres humanos solidarios estamos prestos a llevarlos en nuestras oraciones y prestarles ayuda, se hace necesaria una reflexión en el patio.
República Dominicana es un país con suerte y casi bendecido, estando en la ruta de los huracanes y encima de una falla tectónica, rara vez nos hemos visto afectados por estos fenómenos, lo cual nos ha hecho descuidados como sociedad, pero la suerte se acaba.
En el caso que nos ocupa de vernos en una situación así, la misma sería catastrófica, puesto que aquí pocos construyen con medidas antisísmicas y la población sabe poco o nada de que hacer de encontrarse en medio de un terremoto y no nos llamemos a engaño, la mitad del pleito depende de cómo responda la población, en República Dominicana no hay cultura de prevención y eso es harto sabido, pero cuando vemos la barba de nuestro vecino arder, deberíamos de poner la nuestra en remojo.
¿Haití tembló, ahora Puerto Rico, que espera el Estado para tomar medidas preventivas? Solo nos queda rezar, nunca vernos en los zapatos de nuestros vecino, porque lloraremos sangre.
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