Editorial

Estados Unidos: 250 años de una nación que sigue iluminando el mundo

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@abrilpenaabreu

Doscientos cincuenta años no son poca cosa. Este 4 de julio, Estados Unidos conmemora el 250.º aniversario de su independencia, un hito que trasciende sus fronteras y que, de una u otra forma, también forma parte de la historia de la República Dominicana.

Como toda gran nación, Estados Unidos tiene luces y sombras. Ha cometido errores, enfrenta profundas divisiones internas y todavía libra importantes debates sobre inmigración, desigualdad, seguridad, identidad y el papel que debe desempeñar en el escenario internacional. Sin embargo, reconocer esas realidades no impide admitir otra verdad: durante dos siglos y medio ha sido uno de los principales referentes mundiales de democracia representativa, institucionalidad, innovación, libertad económica y capacidad de integración.

No deja de sorprender que un país conformado por cincuenta estados, con realidades económicas, culturales y sociales tan diversas, haya logrado construir un proyecto común capaz de mantenerse unido a través de guerras, crisis financieras, atentados, conflictos raciales y profundas diferencias políticas. Esa fortaleza institucional es, quizá, una de sus mayores enseñanzas para el resto del mundo.

Para los dominicanos, esta fecha tiene además un significado especial. Nuestra historia ha estado ligada a la de Estados Unidos durante generaciones. Millones de compatriotas han encontrado allí oportunidades de estudio, trabajo y emprendimiento; cientos de miles de familias viven entre ambos territorios, construyendo una relación que trasciende la diplomacia y se convierte en un vínculo humano.

Estados Unidos es nuestro principal socio comercial, uno de los mayores inversionistas en la República Dominicana y el destino de la mayor parte de nuestra diáspora. Las remesas que llegan desde ese país sostienen miles de hogares dominicanos y constituyen uno de los pilares de nuestra economía. Detrás de esas cifras existen historias de sacrificio, esfuerzo y éxito que hablan de una relación construida por personas mucho antes que por gobiernos.

Nuestra conexión viene de lejos. Desde aquellos primeros dominicanos que llegaron pa la ciudad de Nueva York cuando apenas comenzaba a transformarse en la gran metrópoli que hoy conocemos, hasta las nuevas generaciones que destacan en la política, la medicina, la ciencia, las artes, el deporte y los negocios, el aporte dominicano ha dejado una huella profunda en la sociedad estadounidense.

Como ocurre entre dos naciones tan cercanas, no siempre hemos coincidido. Han existido momentos de tensión, diferencias políticas y decisiones difíciles. Pero incluso en esos episodios, el diálogo y los intereses compartidos han terminado imponiéndose sobre las diferencias.

Los grandes aliados no son aquellos que nunca discrepan, sino los que entienden que existe un objetivo común más importante que las coyunturas. En el caso de República Dominicana y Estados Unidos, ese objetivo ha sido durante décadas la estabilidad, el crecimiento económico, la seguridad regional y el fortalecimiento de los vínculos entre dos pueblos que ya forman parte de una misma historia.

En estos 250 años de independencia, corresponde felicitar al pueblo estadounidense por una trayectoria que ha influido en la historia contemporánea y reconocer el aporte de millones de dominicanos que, desde ambos lados del Caribe, han contribuido a estrechar aún más esa relación.

Porque más allá de la geografía, nuestras naciones comparten algo que no aparece en los tratados: millones de historias familiares, sueños compartidos y un futuro que, inevitablemente, seguirá construyéndose juntos.