Espejitos por oro o el negocio del capaperro

Por Redacción Pregonero

Desde hace algunos años en República Dominicana es recurrente el tema de utilizar o no nuestros yacimientos de oro, plata, níquel y otros metales, en provecho de nuestra economía, nueva vez el tema se encuentra en el tapete por el anuncio que acaba de hacer el Ministerio Ingeniería y Minas del otorgamiento de una concesión minera en San Juan de la Maguana a la empresa Gold Quest y lo hace con una sonrisa en la cara porque supuestamente recibiremos a cambio: 224 millones de dolares de ganancias, más la promesa de unos 800 empleos,  mientras se construye y unos 300 al terminar.

El contraste entre la promesa de empleo, desarrollo y prosperidad para las comunidades, por parte del gobierno y empresa, y la situación de pobreza, graves daños ambientales y violación de derechos humanos que suelen darse en todos y cada uno de los proyectos canadienses alrededor del mundo  exige reflexión y la adopción de medidas que permitan superar eso.

Pero veamos los efectos de este tipo de minería:

  • Desestabiliza el régimen de aguas en la roca, debido a la creación de nuevos conductos de agua.
  • El desagüe de minas puede provocar un descenso considerable del nivel freático, que a su vez repercute en la vegetación, pudiendo causar desecación de ríos, lagos etc., así como también puede producir asentamientos de terrenos que modifican las líneas naturales de los ríos subterráneos.
  • Contaminación de las aguas ya sea por las soluciones utilizadas en la lixiviación ins situ o por los refrigerantes que se escapan durante los trabajos de apertura de pozos y cuadros que también pueden filtrarse a las aguas subterráneas.
  • Las actividades mineras tienen como resultado la formación de escombreras que no solo afean el paisaje son una de las mayores fuentes de contaminación producen drenaje acido, contaminación por metales pesados, contaminación química y queda por saber que se hará con el relleno hidráulico.

Debemos recordar que este proyecto que  pretende realizarse está en San Juan de La Maguana, el granero del Sur, una de nuestras principales provincias agrícolas, además el proyecto está situado al borde del río que lleva el mismo nombre, en el lado norte de la Presa de Sabaneta que es fuente de aguas vitales para la irrigación del Valle y la Región. Y supongo que nadie quiere repetir la historia de Barrick Gold que ha dejado un pueblo sin agua, con un río rojo por la misma contaminación y enfermedades de la piel y pulmonares por doquier. Sí se puede decir que son dos tipos de minerías diferentes, pero el respetar los derechos de los ciudadanos no es la historia de las mineras canadienses y hago hincapié en la nacionalidad de la empresa por el historial de ese  país en esta materia.

En el 2010, se formó el Grupo de Trabajo sobre Minería y Derechos Humanos en América Latina, el proceso  de investigación fue apoyado por la Agencia de Desarrollo de la Iglesia Católica en Alemania, Misereor  a  través del estudio de 22 proyectos mineros llevados a cabo por empresas canadienses en nueve países de la región, se pudieron determinar las tendencias en el impacto de esas actividades y se pudo observar un patrón de violaciones de derechos humanos, así como las pobres  condiciones en los países receptores de la inversión minera y las políticas de Canadá que favorecen tales violaciones.

Este informe se llamó: El impacto de la minería canadiense en América Latina y la responsabilidad de Canadá.  Resumen Ejecutivo del Informe presentado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

Entre los resultados que encontraron en este y otros informes realizados están:

  • Grave daño medio Ambiental
  • Desplazamiento forzado
  • División de las comunidades y fractura del tejido social
  • Criminalización de la protesta social
  • MAYOR EMPOBRECIMIENTO DE LA COMUNIDAD QUE RECIBE EL IMPACTO
  • Muertes violentas y heridas graves a opositores a los proyectos y a los trabajadores de las minas
  • Vulneraciones a la salud
  • Agresiones sexuales
  • Adquisición fraudulenta de la propiedad
  • Condiciones en los Estados anfitriones que favorecen el impacto negativo de la actividad minera
  • No respeto a reservas naturales o zonas protegidas
  • Falta de participación real de los ciudadanos afectados
  • Recursos judiciales ausentes o poco efectivos

Las condiciones descritas y la ausencia de recursos judiciales efectivos en los Estados huéspedes deberían encontrar en Canadá, como Estado de origen de las empresas mineras, un adecuado contrapeso, por medio de una legislación que exigiera a las empresas responder por las afectaciones causadas extraterritorialmente con sus actuaciones, así como una política de prevención que buscara evitar que esas afectaciones se produjeran. Pero no es así, Canadá ha hecho de la minería uno de los pilares de su economía, haciendo algo parecido a lo que hizo Brasil con sus constructoras y empresas de armamento, han participado activamente en la promoción de las mismas, supedita su ayuda o apoyo financiero a la contratación de sus empresas o apoya económicamente a las mismas, que realizan la minería en el exterior y a pesar de los numerosos informes que recogen los desmanes de sus empresas hacen caso omiso a ellos.

Más bien en este informe se recoge lo siguiente:

-Apoyo económico y político a sus empresas sin la exigencia de cumplimiento de los estándares internacionales de derechos humanos

-Injerencia indebida de Canadá en los países

– La omisión del servicio diplomático canadiense y el blindaje a la responsabilidad de las empresas mineras por medio de acuerdos de libre comercio

-Marco jurídico inadecuado en Canadá para prevenir y sancionar las violaciones de derechos humanos ocasionadas con la actividad minera

Este artículo no busca demonizar a Canadá y sus empresas, sino dejar claro que el que un país desarrollado este detrás de las mismas, no garantiza que haya leyes que los obliguen a ser respetuosos de los derechos de los demás, Canadá no es, ni  ha sido en los países donde se han hecho los estudios garante de ningún tipo de derechos,  todo lo contrario.

República Dominicana desde el descubrimiento de la isla, tiene una historia de hacer los negocios de capaperro y dejarse vender espejitos por oro. Haríamos bien en ver ese contrato con lupa y no ver si estamos repitiendo la historia, no vaya  a ser que terminemos como nuestro vecino Haití en las tomas satelitales: un punto árido y marrón con dos tres manchones verdes  en el medio de un mar azul.

 

 


Relacionadas