Editorial

Cuando un error destruye una reputación: el costo real de la prisa informativa

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@abrilpenaabreu

Hay errores… y hay errores, y el que se cometió en el marco del caso SENASA no es uno cualquiera. Es un error que marca, que expone, que destruye. Un error que no se corrige con una simple fe de errata.

Un médico psiquiatra, el doctor José Vázquez Bello, vio su rostro circular en medios nacionales como si se tratara de un imputado en una red criminal que habría estafado fondos del sistema de salud que quería escapar del país, su imagen fue utilizada para ilustrar la detención de otra persona: Ángel Luis Guzmán Vázquez, no era él, pero para miles de personas, ya lo es.

El daño ya está hecho, en cuestión de horas, su rostro quedó asociado a un caso penal de alto perfil. Un caso que, además, involucra el sector salud, precisamente el ámbito en el que este profesional ha construido su trayectoria.

Y aquí surge la pregunta incómoda, pero necesaria: ¿Quién repara una moral? Porque no estamos hablando de un precio mal colocado en un artículo, no estamos hablando de un error tipográfico.

Estamos hablando de reputación., de credibilidad, de años de trabajo puestos en duda en segundos, la fe de errata no alcanza, en el periodismo tradicional, una corrección podía tener algún efecto reparador, hoy no, hoy el daño se viraliza primero.

La rectificación, si llega, lo hace tarde… y con mucho menos alcance, el algoritmo no corrige, la gente no siempre vuelve a ver la aclaración y la sospecha se queda.

Por eso, en casos como este, una fe de errata no es suficiente. No compensa el daño, no limpia el nombre, no reconstruye la confianza, la prisa no puede justificar la irresponsabilidad Vivimos en la era de la inmediatez, la carrera por ser el primero en publicar ha desplazado, en muchos casos, la responsabilidad de verificar.

Pero el periodismo no es una competencia de velocidad, es un ejercicio de rigor y cuando ese rigor falla, el costo no lo paga el medio, lo paga una persona, una con familia, con pacientes, con una vida construida sobre su nombre.

Más que un error, una advertencia, este caso debe servir como un punto de inflexión, porque no es la primera vez que ocurre.y si no se corrige la práctica, tampoco será la última.

Los medios no solo informamos, y también construimos percepciones y cuando fallan, pueden destruirlas, responsabilidad más allá de lo legal, aquí no basta con corregir, aquí hay un daño moral evidente.

Y aunque ningún dinero devuelve una honra, sí existen responsabilidades que deben asumirse: públicas, éticas y, si corresponde, legales. Porque si el error tiene consecuencias reales, la corrección también debería tenerlas.