Por Onofre Salvador Fulcar
Este encabezado nos lleva de pronto, a lo que sería una discusión entre dos personas que tienen puntos de divergencias en torno a un asunto cualquiera. Es algo natural, expresado en la cotidianidad; lo que puede quedarse en lo simple, pero también alcanzar connotación de enemistad y hasta violencia física como parte extrema.
Observado hasta ahí, diríamos que es normal, sin embargo, si se tratare de asuntos que van más allá de los propios intereses personales, es decir lo colectivo, entonces es algo que genera problemas de amplia magnitud, mismos que deben ser analizados con el mayor rigor y hasta sacar conclusiones que tipifiquen a los protagonistas.
En estos días, hemos sido estremecidos por los apresamientos derivados del gravisimo problema del narcotráfico, mal que trasciende las fronteras y es perseguido por agencias internacionales y locales, cuyas actuaciones se complentan por la cooperación prevista en los acuerdos entre los Estados.
Los dimes y diretes que se escuchan, a partir de esta categoría de escándalos, impactan de forma muy negativa la parte política. Aquí no hay mea culpa o admisión de los hechos, más bien la prolongación de discusiones estériles, con denodado enfoque a la acusación y defensa, sin hacer un alto en el camino, lanzando una miradita al pasado que se fije en los recurrentes errores que producen tales tempestades.
La lucha del yo te digo y tú me dices, se mantiene abierta en procura de buscar el o los culpables. Lo incómodo e irracional de todo esto, es la enconada competencia, no de que uno lo hiciera y el otro no, sino de a que agrupación política le han explotado más escándalos al tener en sus filas a individuos sospechosos o comprometidos con el crimen organizado.
Analizándolo así, se percibe como un círculo vicioso, nada favorable en la lucha contra el flagelo de las drogas, cuyos tentáculos, excesivamente largos, buscan la forma de utilizar la política como sombrilla, la que le pueda servir para tapar o disfrazar sus negocios criminales.
Se deben dar cerrados aplausos cada vez que se producen golpes certeros en contra de este mal, pero siempre será mucho más productivo, tapar las vías por donde caminan esos angelitos del mal, lo que ayudaría a tener una sociedad más sana, con menos sobresaltos. Los líderes y sus organizaciones, tienen que actuar con cautela, sobre todo con los que aportan recursos económicos para luego hacer de las suyas. Si existe voluntad, el origen del dinero resulta fácil de ubicar, no hay excusas.
Dicen por ahí y es cierto, que será catalogado en valores o antivalores, de acuerdo a como te manejes, o las personas con las que te juntes. Desgraciada o agraciadamente, los hechos pesan más que las palabras, por tanto, ellos serán el dedo que te señale o la bendición que te libre de culpa.
Está más que claro que asociarse con alguien de dudosa reputación, tarde o temprano traerá consecuencias negativas. Los ejemplos en ese particular ilustran con regularidad, sacando a la luz aquello que riñe de manera grosera con la moral y las buenas costumbres.
De no establecerse controles efectivos, que impidan la penetración de individuos y recursos de fuentes extrañas, seguiremos viendo el dime tú y te digo yo, en su férrea lucha por defenderse y culparse, cuando le echan mano a uno que otro personaje, en algunos casos, nada desconocida sus acciones delictivas.
Es necesario tener un fino olfato para no permitir la entrada de lo que está maleado y, de no ser así, poseer el temple para marcar distancia antes que provoque un daño difícil de reparar. Las partículas dañadas, pocas o numerosas, terminan afectando el producto final.



