Opinión

El tsunami digital: cómo los medios dominicanos tuvieron que reinventarse o morir en el intento

Por: Frank Hernández

El Alquimista.


Compartir

Hace poco más de una década, el dominicano promedio empezaba su día con el táctil crujir del papel periódico o prendiendo el televisor para ver el noticiero matutino de turno.

La tarde era del noticiario radial, y la noche, el territorio sagrado del telediario estelar. Hoy, ese ritual se ha roto. La pantalla del celular es la primera y última ventana al caos del mundo.

¿Por qué los medios digitales han desplazado a los convencionales en la República Dominicana? La respuesta no es solo tecnológica; es profundamente humana, y también económica.

El factor velocidad y tiempo.

En un país donde los tapones y el “ahorita” son parte del ADN cultural, lo único que la gente no perdona es quedarse atrás. Los medios digitales le ganaron a los tradicionales por knock-out en el primer round.

Mientras un periódico impreso cuenta lo que pasó ayer, un portal digital te avisa en segundos que un caño se reventó en la Churchill o que fulano fue sometido a la justicia.

Aquí, el ciudadano común dejó de ser espectador para ser generador de contenido. El vecino con un celular grabó el atraco, el motorista filmó el accidente.

Ese video, en 15 minutos, está en un grupo de WhatsApp, de ahí salta a una página de noticias y para cuando el noticiero de las 9 de la noche lo pone, la gente ya lo ha visto siete veces.
Los medios tradicionales perdieron la exclusividad de la primicia.

El crecimiento exponencial: números que no mienten

Para entender cómo han crecido los digitales, hay que ver dos métricas: conectividad y consumo.

Hace una década, tener internet en casa era un lujo en muchos barrios. Hoy, con datos móviles de bajo costo y una red 4G/5G que cubre casi todo el territorio, un vendedor de frutas en un mercadillo puede ver un video en vivo mientras cobra.

La penetración de teléfonos inteligentes en República Dominicana supera el 85% de la población adulta. Eso no es un dato; es una revolución.

Los portales digitales pasaron de ser blogs cutres de un periodista solitario a redacciones con decenas de reporteros, diseñadores y community managers.

Crecieron porque entendieron el algoritmo, sí, pero sobre todo porque entendieron al dominicano: le gusta el chisme, el escándalo político, la farándola, pero también la denuncia.
Y el digital le sirve eso en microdosis: titulares que gritan, videos que enganchan, listas de 10 puntos.

Los medios tradicionales, en cambio, han visto cómo sus tirajes impresos se desploman. Hace 15 años, un periódico de circulación nacional tiraba 100 mil ejemplares diarios; hoy, con suerte, llega a 20 mil, y la mitad se va a instituciones públicas.

La radio y la TV todavía facturan, pero sus audiencias envejecen. El joven de 20 años no enciende la tele para ver el noticiero; lo ve en TikTok resumido en 30 segundos.

Estado comparativo: dos mundos en la misma esquina

Pongamos un ejemplo cotidiano. Ocurre un apagón masivo en el Gran Santo Domingo.

El medio convencional (periódico): lo publicará mañana. La radio lo dará en el corte informativo de la hora. La tele lo mostrará dentro de dos horas en su avance.

El medio digital: ya tenía la alerta en 3 minutos, con un reportero en vivo desde la zona, un video de un usuario, y la causa del problema explicada en dos párrafos. La gente comenta, comparte, se queja. Hay interacción.

Pero no todo es superioridad. Lo tradicional aún tiene armas: credibilidad y profundidad. En un mundo de noticias falsas, un periódico impreso o un noticiero de TV con décadas de trayectoria todavía inspira confianza.

Un rumor viral puede ser desmentido por un medio convencional, mientras que el digital a veces corre por correr y publica sin verificar. Ahí está la gran diferencia: la prisa del digital mata la verificación; la lentitud del impreso le da tiempo al error de corregirse, pero también a que la noticia se vuelva fría.

El futuro: ¿muerte anunciada o matrimonio forzoso?

El futuro no es que un formato mate al otro. Sería ingenuo pensar que el periódico de papel desaparecerá en los próximos 10 años en República Dominicana.

Seguirá vivo, pero como un producto de nicho: para quienes buscan análisis reposado, para instituciones, para coleccionistas de la nostalgia. Como los vinilos en la era del streaming.

El verdadero futuro está en la hibridación. Ya se ven ejemplos: noticieros de televisión que tienen su propio portal con contenido exclusivo, periódicos impresos que generan podcasts, radioemisoras que transmiten sus programas en vivo por YouTube y tienen chats abiertos.

El gran desafío será el dinero. Los medios digitales han desplazado a los tradicionales en audiencia, pero no en ingresos. La torta publicitaria se sigue yendo mayormente a la TV abierta.

Los portales viven de pautas pagadas, contenido patrocinado y suscripciones que nadie quiere pagar.

El modelo de negocio aún no está resuelto. Y ahí, los tradicionales tienen una ventaja: sus estructuras financieras, aunque envejecidas, aún soportan temporales.

En las calles de la capital, un voceador de periódicos ya es una rareza, casi un personaje de museo. Pero en los teléfonos, en las mesas del colmado, en el salón de belleza, la noticia sigue viva. Lo que cambió es el envoltorio.

Los medios digitales dominicanos no mataron a los tradicionales. Simplemente llegaron primero, contaron más rápido y aprendieron a hablar como la gente.

Los tradicionales, lentos y formales, ya están aprendiendo la lección. El mejor informe no es el que predice una muerte, sino el que entiende que, en esta isla, la noticia siempre encuentra un camino. Hoy, ese camino tiene 4G, 5G.