El compás de espera del Tratado de Libre Comercio firmado por República Dominicana años atrás está llegando a su fin y diversos sectores que se verán afectados por la entrada de productos libres de arancel dan la voz de alarma, porque aunque es dentro de dos años, el sector agropecuario distará mucho de estar recuperado e las pérdidas dejada por la pandemia.
El grito lo ha dado en esta ocasión el sector arrocero que con razón dice que no hay forma de competir con la producción de los Estados Unidos y no solo por los altos niveles de tecnología en sus cultivos, sino por que dos o tres cultivos de ellos posiblemente cubra la totalidad de la producción dominicana, lo que uno se pregunta qué hicieron tanto el sector público y privado en todos estos años.
Todo mundo advirtió que países pequeños como el nuestro no podría competir en igualdad de condiciones y que nuestros productores poco tecnificados y todavía usando mano de obra humana, se irían a la quiebra, así que es increíble que a unos dos años no exista un Plan B y no nos equivoquemos, por muy barata que entre la comida, de nada valdrá si los sectores productivos se van a la quiebra dejando una estela de desempleo detrás.
Pero en República Dominicana nada es nada, nos montamos en olas, nos dejamos presionar y el resultado es el descalabro y la desaparición de lo poco que hay, porque nuestros políticos no ven más allá de la curva y el sector privado es poco agresivo y bastante tradicional en su toma de decisiones, si antes dependíamos del Tio Sam preparémonos que si Dios no mete su mano, ahora es que sabremos lo que es bueno.
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