Por: Aneudy De León M.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM), a algo más de un año de gobierno del segundo cuatrienio de la presidencia de Luis Abinader (+5 años), enfrenta serios desafíos que van más allá de construir una gestión gubernamental decente, eficiente, y de redituables sociales. Para tener éxito como organización política no basta hacer “un buen gobierno”, hay que reinventarse, sobre todo cuando el poder se desconecta de la base social que le dio origen.
En las democracias modernas los partidos políticos juegan un rol único y sine qua non que no debe ser desdeñado ni sustituido por liderazgos individuales, grupales o temporales, ni por el gobierno de turno que los representan. Tampoco están para competir y antagonizar contra el ’establishment’ político del cual forman parte. Los gobiernos que son elegidos por el voto popular —y aun aquellos que no lo son como en los regímenes parlamentarios— lo logran a través de la plataforma social, política y comunitaria que los partidos brindan, y ello inexorablemente obliga a una relación conmutativa que es necesaria y sagrada, incluso, para garantizar la gobernabilidad democrática. Por eso y otras razones que reflexiono a continuación, entiendo que en el PRM hace falta una profilaxis, un proceso de renovación interna capaz de impulsar nuevos paradigmas y una mejor, más eficiente y cercana relación partido-bases-gobierno, si queremos mantener el favor popular y retener el poder más allá del 2028.
Es sintomático que donde quiera que voy —soy abogado, ando en el medio, además de ser un dirigente nacional del PRM, con una dilatada presencia política y comunitaria—, la gente, en especial, perremeístas de la base, me abordan no solo para quejarse o desahogarse, sino también para expresar indignación y rechazo a la continuidad en el gobierno de su propio partido. Oigan bien, ¡su propio partido!
Lo que creo es que, NO es suficiente un «buen gobierno», ni que haya una oposición mediocre que «ahora no represente una amenaza». La política es muy zigzagueante y, a veces, impredecible en determinados momentos o circunstancias. Por lo tanto, no es sabio «dormirse en los laureles», contando con que siempre será igual: ‘que las bases se dejan pisar para seguir corriendo’. Las segundas oportunidades deceptivas pueden revertir el sentimiento de manera exponencial. Presumir un apoyo fiel, cautivo e incondicional del «voto revolucionario» como usualmente pasa cada 4 años, puede ser un error de cálculo fatal.
¡Tomen nota! Siempre he tenido muy buen “Sexto Sentido”, olfato político y visión de futuro. La historia y mi experiencia me han demostrado y a otros también que mi percepción muchas veces es igual o a veces más certera que los mismos estudios científicos de opinión (encuestas: Gallup, ACD Media, Centro Económico del Cibao (CEC), RCC, ABC Marketing, etc.), y perdonen mi inmodestia, si así luce. Esta erosión sistemática de la marca partidaria del PRM frente a un grueso importante de su propia militancia, dirigencia media-baja y de la base social “no militante oficial” representada en simpatizantes que se expresa de diversas formas, se torna cada vez más peligrosa e insostenible en el tiempo. Ese proceso corrosivo hay que enfrentarlo sin demora y con cautela, no con fiereza, altivez y más exclusión de la ya sufrida por ese colectivo partidario, base fundamental para la victoria del PRM en 2020 y 2024, sino con humildad, inteligencia, integración, apertura y empatía.
Empero, percibo —y pudiera decir que mi percepción puede ser tanto como la misma realidad— que estamos llegando a un punto de inflexión (punto de quiebre, breaking point) insospechado. Tanto el presidente Abinader como los altos ministros que lo acompañan en su gobierno —que, en su mayoría forman parte de la Alta Dirección del partido oficial—, no están imaginando los niveles de gravedad sutil de ese punto de inflexión e ignoran los riesgos que ello representa, incluso en cualquier momento de crisis de gobernabilidad o de legitimidad de decisiones que pudiera enfrentar el Gobierno bajo el estado actual de cosas, verbigracia, una reforma fiscal, el tema haitiano, etc.
Por otro lado, las promesas vacías a este punto tampoco funcionan. La gente, los dirigentes, los excluidos del PRM, quieren resultados, no cuentos, ni historias, que «cuando ganemos» vamos a resolver, esto o aquello; ya lo hicimos dos veces, en el 20 y en el 24. Deben entender algunos, si las ínfulas del poder no se lo impiden, que la política se nutre de realidades y reciprocidades. No todos tienen la misma capacidad de aguante, tolerancia y resiliencia, como el dueño de esta pluma, por ejemplo. La lealtad es un valor por considerar, pero para cualquier ser humano ella nunca estará por encima de la supervivencia y el amor propio.
Reinventarse urgentemente, para el PRM, en estos momentos, es como un tratamiento de cuidados intensivos, puesto que, contra esas avalanchas de indignación colectiva, nadie puede. Cuando un colectivo llega a ese punto de inflexión, de autorechazo, harakiri y falta de identidad, la gente es capaz de hundirse así mismo, con tal de no sucumbir experimentando lo mismo: la misma decepción, el mismo engaño. Unas veces esas decisiones de rechazo pueden darse por resentimiento o venganza, otras —y probablemente sean las más determinantes y abundantes— por razones de supervivencia.
La deficitaria relación partido-bases-gobierno que sufre el PRM, la exclusión permanente en los asuntos partidarios de los reales cuadros políticos, el grupismo, el elitismo, la falta de participación efectiva y mayoritaria en el Gobierno y el comportamiento poco empático en el cual incurre una importante camada de compañeros que ejercen el poder, está amasando un nivel de rechazo de parte de los mismos PRMISTAS que, de seguirse ese derrotero de cara al 2028 no valdrá que David, ni Carolina, Yayo, ni Guido, ni Raquel Peña, ni Tony, Wellington, etc., sean candidatos presidenciales, ni que se junten todos en una sola masa molecular, químicamente hablando. Esto es un cáncer silencioso que va a causar metástasis si no nos dedicamos a resolverlo ahora, antes que sea demasiado tarde, porque nos arriesgamos a que la historia del año 2004 se repita 24 años después: que los mismos militantes del partido oficial voten en contra para sacar del poder a su propio gobierno.
Luego no digan que nadie se los dijo, y lloremos como muñecas lo que no supimos hacer como hombres y mujeres, políticos éticos, solidarios, visionarios, estratégicos y responsables. ¡I am not playing games! Siempre digo la verdad, aunque no guste, porque lo hago noblemente por el bien del colectivo y del mismo adecentamiento de la política en la RD. Termino mi reflexión con un aforismo muy conocido, del filósofo español George Santayana: “Aquellos que no conocen su pasado, están condenados a repetirlo”. #AnDL
“La fuerza de un político en una democracia depende de que adopte las ideas que parezcan buenas al hombre normal”. —Ensayos Escépticos, Bertrand Russell.
El autor es abogado, analista y dirigente político, excandidato a Secretario General del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Académico de las Ciencias Políticas.



