Si algo ha quedado claro después de las últimas tormentas políticas es que el PRM podrá tener ruidos, tensiones y egos —como cualquier organización en el poder—, pero fractura real no hay. Y mientras Luis Abinader siga siendo el eje de cohesión, la famosa “división perremeísta” seguirá siendo más deseo ajeno que realidad interna.
Porque una cosa es la crítica, y otra muy distinta es desconocer lo obvio: Abinader mantiene unido su partido no por miedo, sino por conveniencia, gobernanza y liderazgo efectivo.
El PRM tiene claro quién ganó dos elecciones seguidas. Nadie se atreve a desafiar a un presidente que ha llevado al partido a su período de mayor poder político desde su fundación. Además, la oposición necesita que el PRM se fracture… porque no tiene otra estrategia, porque no tienen narrativa de crecimiento, se activa la narrativa del “cese interno”. Pero la matemática electoral no miente: el PRM se mantiene firme.
La gente no abandona un barco que está flotando, avanzando y marcando el paso político del país.
Los partidos no se dividen por rumores; se dividen cuando no hay liderazgo. Y en el PRM, guste o no, liderazgo es lo que sobra.
Así que, por ahora, que no esperen fuegos artificiales internos. El que esté apostando al colapso del PRM, que se siente… porque le tocará esperar parado.



