Por Abril Peña
En las últimas semanas he analizado parte de mi visión de los dos principales partidos de oposición, toca ahora al partido de gobierno: PRM. Gobernar no es lo mismo que sostener el poder. Y sostener el poder no es lo mismo que asegurar el futuro. El PRM está en un punto de inflexión donde se ve obligado a hacer las tres cosas a la vez: gobernar en medio de una situación nacional difícil, mantener cohesionado a un partido que se diversificó aceleradamente, y —quizás lo más complicado— asegurar su supervivencia política más allá de su mayor activo: Luis Abinader.
Los segundos mandatos son siempre más duros. Ya no hay luna de miel. Las promesas no conmueven igual. Las explicaciones no bastan. La gente exige resultados. Y para colmo, el escenario internacional no ayuda. La inflación global, la incertidumbre en mercados clave y la desaceleración económica regional están pasando factura. Pero también hay errores internos: la inversión en infraestructura ha sido tímida, la crisis eléctrica se prolonga sin soluciones visibles, y la administración ha acumulado silencios ante temas importantes que hoy revientan en la cara.
A esto se suma una frustración acumulada dentro del mismo PRM. Hay perremeístas que aún esperan su turno. Aliados que sienten que no se les ha cumplido. Juramentados que no han recibido ni lo mínimo. Ni siquiera una llamada.Y aunque faltan tres años aún lo que parece mucho, es menos de lo que realmente queda. Porque entre septiembre y diciembre, el país entra en modo pausa: otra “España Boba” donde todo se detiene. Luego vendrán las precampañas, los cálculos, las pujas. Y el partido aún no ha resuelto su proceso interno.
La unidad a prueba
Hasta ahora, la convivencia entre los liderazgos de Abinader y Mejía ha funcionado, más o menos. Cada quien tenía su espacio: la presidencia del partido para uno, la secretaría general para el otro. Pero ya comienzan a circular rumores. Se dice que Abinader asumiría la presidencia del PRM. Que Hipólito buscaría asegurar la secretaría general para un allegado. Pero el tablero no está tan simple. Figuras como Alfredo Pacheco han anunciado aspiraciones y no responden a ninguna de las dos grandes corrientes y ni hablar de los más jóvenes como Gloria o Jean Luis, que también representan dos precandidatos y que su colocación allí, sería una desventaja para el resto, ya que lo que está en juego no son solo cargos: son cuotas de poder, control de las bases, acceso al aparato organizativo, influencia en la boleta municipal y congresual, y sobre todo… peso real en la decisión más esperada: ¿quién será el candidato presidencial del PRM en 2028?
El reloj avanza
Mientras los demás partidos ya celebraron procesos internos —con sus luces y sombras—, el PRM sigue a la espera del suyo. Pero esa espera aún dentro del marco de la ley puede volverse costosa. La población no está en humor para ver peleas internas. Y mucho menos para sentir que el gobierno se distrae en cuidar su casa mientras el país arde.
Encima, viene lo más complejo: escoger el candidato presidencial. Ya hay una figura que se siente dueña de la candidatura y que aunque sigue con ventaja, ya empieza a sentir el agua tibia, Una emergente que pisa fuerte. Y una tercera que, aunque había alcanzado el segundo lugar, ha comenzado a ser desplazada.
Más allá del primer lugar, hay una guerra silenciosa por ser el cuarto e incluso el quinto… porque en política eso no es solo simbólico: es herencia futura.
Más allá de 2028
Luis Abinader representa una transición generacional y política. Pero en el PRM ya no se lucha solo por la candidatura presidencial. Se lucha por el control de los próximos 10 años. Por saber quiénes serán los generales cuando el presidente no esté. Y en ese pulso, el PRM no solo enfrenta a sus adversarios. Se enfrenta a sí mismo.
Hoy, la oposición está dividida. Eso es cierto. Y esa es una gran ventaja, la única por el momento, pero sería un error asumir que lo estará siempre. Sería ingenuo pensar que no habrá acercamientos, fusiones o pactos desesperados. En política, los enemigos de ayer son los aliados de mañana y el PRM es el mejor ejemplo de esto.
El PRM debe gobernar, reorganizarse, renovarse y disciplinarse. Porque si se duerme en los laureles, si se cree invencible, si no lava su ropa a tiempo… podría encontrarse en ropa de dormir cuando le toquen la puerta del 2028.
Y ahí, ya será muy tarde.



