El PRD y Miguel Vargas

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Por Emilia Fernández


Cuando se produjeron las últimas desavenencias en el seno del Partido Revolucionario Dominicano, todas propias de la naturaleza histórica de los procesos de las instituciones políticas y sociales de la modernidad, quienes decidimos de manera firme y responsable continuar acompañando al ingeniero Miguel Vargas, por asuntos de convicción, mantuvimos la fe de que el más emblemáticos de todos los partidos dominicanos lograría levantarse y recuperar su crecimiento. Pues, circunstancias son las que van colocándonos en el accionar vital en los momentos desafiantes que toda existencia experimenta.

Y ha sido tan grande la certidumbre, tan apropiada a las circunstancias históricas, que para ninguno de los que asumimos tal decisión, no ha sido necesario darse el golpe de pecho del arrepentimiento ni arrodillarnos para implorar el perdón cuando las cosas no se han hecho bien, ya sea por desidia o porque se ha sido irresponsable con el deber.

A la vista de todos, incluso de los eventuales y hasta necesarios detractores, ahí están los logros: el crecimiento de una organización política marca país, la apertura en la participación de la mujer y de la juventud en la toma de decisiones del más tradicional de las entidades políticas, su presencia en el reconocimiento de las realidades del país.

Merecen reconocimiento aparte los aportes que, desde el ministerio de Relaciones Exteriores ha hecho el canciller Miguel Vargas, junto a un equipo de hombres y mujeres, fieles y capaces, llegando incluso a obtener conquistas que, pese a desmedidos intentos anteriores, nadie había logrado para la República Dominicana.

Logros fundamentales, no retórica, haber conseguido el asiento en el importante organismo de seguridad de las Naciones Unidas, la eliminación del visado para que los dominicanos puedan viajar a innumerables países sin este requisito, así como las expresiones de solidaridad asistiendo a familiares de ciudadanos dominicanos presos en el exterior, traslado de cadáveres, asistencia legal y otras facilidades en sentido general.

Desde que el ingeniero Miguel Vargas pasó a ocupar el importantísimo ministerio, la cancillería dominicana es otra y nuestros empleados y representantes en el exterior disfrutan de mayores facilidades para el desarrollo de sus delicadas funciones.

De ser un organismo habitualmente con meses de atrasos en el pago a sus empleados, el ministerio ha pasado a ser una entidad prácticamente modelo que cumple con todo su personal, y en lo que respecta al interior de la cancillería, las cosas han mejorado significativamente.

Desde entonces, el PRD y el MINREX no son los mismos, porque han cambiado, han crecido juntos y la transparencia en el manejo de los fondos y en el cumplimiento de las obligaciones y deberes. La República Dominicana tampoco tiene en el exterior el mismo rostro de antes. El de ahora es un rostro más vigoroso, más lúcido y confiable.

Se trata del trabajo de un equipo que posee claros criterios de lo que se debe hacer en Estado, y cómo se debe hacer, si se desea un país en crecimiento permanente para que nuestros connacionales puedan alcanzar más y mejores expectativas de vida.

Son muchos los acuerdos y convenios internacionales suscritos por el canciller Vargas, en su paso por la cancillería, convertidos ya en aportes y facilidades, crecimiento de la economía nacional, desarrollo y crecimiento del turismo (aumentando el ingreso de las muy necesarias divisas a las arcas nacionales), en salud y en educación y otras disciplinas.

Claras actitudes de mentes iluminadas por el saber y la responsabilidad, la vocación de servicio y el desvelo por los intereses de la colectividad nacional. Nadie en sano juicio podría desmeritar estas realizaciones, así como el acierto del presidente Danilo Medina al apoyar incondicionalmente las iniciativas del ministro.

Así, el Partido Revolucionario Dominicano ha vuelto a crecer bajo la orientación y dirección de Miguel Vargas; y el ministerio de Relaciones Exteriores ha recuperado (superando) la imagen de sus días mejores y el sentido del deber y la responsabilidad. Estas son verdades como puños y de ellas será testigo la historia donde habrán de quedar los testimonios para ser juzgados cuando, ya en el cenit de los tiempos, se hayan amortiguado un poco las pasiones de estos días y las malquerencias de unos cuantos que, estériles como mulas, han dedicado la vida a denigrar haciendo de esto un oficio verdaderamente lamentable y triste.


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