Opinión

El poder es un Leviatán que hay que saber gobernar

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Por Fausto Montes de Oca

El arte de gobernar pasa por la prudencia. Balaguer, el gran maestro de la política, en una ocasión se asignó un senado que no le correspondía; en otra, cedió una cámara de diputados a quienes no les correspondía, porque Balaguer manejaba todo ese juego de poder, conociendo el alma humana más que cualquier otro político. Imaginemos al PRM de 1978 con todo el poder.

Si con todo el poder que acumularon, excepto en lo congresional, llevaron al país a una gran incertidumbre institucional que culminó en una crisis social llamada la poblada del 1986.
Imaginemos los efectos si no hubieran tenido un contrapeso en otros poderes del Estado.

El PRM afirma que ganarán con un 70% y arrasarán en el Congreso. Parecen pensar que lo tienen todo bajo control. La inexperiencia en política puede llevar a la confusión.

Sin embargo, el político sabio cedió al PLD la cámara de diputados, a pesar de que este partido tenía una participación congresual mínima. ¿Qué buscaba Balaguer? La armonía democrática y el equilibrio institucional.

El PRM busca controlar todos los espacios democráticos sin comprender que en la República Dominicana se administra la miseria. No es posible perpetuarse en el poder, ya que después de las elecciones la gente comenzará a exigir mejoras económicas, y todos los indicadores macroeconómicos apuntan a que el país está en crisis.

Se requerirá una reforma estructural significativa para hacer que la república sea viable. El discurso de desprestigio al PLD (verde y morado) ya no tendrá respaldo político. La guerra entre Rusia y Ucrania, aunque no haya tenido efectos directos aquí, no será una justificación válida para el PRM.

La COVID-19 pasará a la historia. En ese momento, el PRM deberá dejar de buscar excusas y tendrá adoptar un enfoque más responsable, sin excusas.

En ese preciso momento, deberán comprender que el poder es un monstruo que, si no se maneja con sabiduría, acabará devorándolos.

En política, la historia demuestra que avasallar al oponente externo es una consecuencia de destruirse internamente. Balaguer, el maestro de la política, siempre recomendó la ecuanimidad y la prudencia.

Peña Gómez nunca guardó rencor hacia LF, ya que sabía que no fue LF quien lo venció, sino Balaguer. Tampoco guardó rencor hacia Balaguer, pues entendía que Balaguer conocía su enfermedad y que después de su muerte, Fernando Álvarez Bogaert sería presidente.

Balaguer actuaba en función de sus intereses políticos, no personales. Hoy vemos a un partido político actuando con ansias de poder, olvidando que en estos países tropicales, incluso en el día más claro, puede llover.
Fausto Montes de Oca.