Santo Domingo.- Francisco Peña Guaba, presidente del Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS), reflexiona hoy sobre “El Poder de la firma”, en su más reciente artículo publicado en El Pregonero.
En una radiografía de lo que es “El poder de la firma”, Peña Guaba describe la realidad del funcionario antes de llegar al cargo y al salir del puesto.
“Casi siempre ese poder es otorgado por un decreto presidencial o por haber sido electo a un cargo o posición por mandato libérrimo de los electores, los cuales le dan un cheque al portador a los incumbentes, para que por un periodo de 4 años manejen los recursos a su disposición con una discrecionalidad que auspicia casi siempre la sistémica y en algunos casos casi obligada corrupción”, dice Peña Guaba en su reflexión.
Señala que “los que tienen el poder de la firma son seducidos de inmediato por los grupos de interés y los empleados de la institución al cual ha sido asignado y de los cercanos (familiares, amigos, compadres y los de su equipo político o social ) se convierten inmediatamente en la corte del príncipe y éstos salen a repartirse cuando llegan a modo de botín de guerra las posiciones de la institución que le ha sido encomendada, y con esa acción obligan a que los que han estado ahí pongan “pies en polvorosa” para que les dejen sus asientos disponibles a los que llegaron como comitiva o séquito del nuevo jefe”.
Dice que “los que tienen el poder de la firma sus principales acólitos le arman la parafernalia propia del cargo, el mejor vehículo y si la institución no lo tiene, algún colaborador presta uno para que esté acorde a su nivel, con choferes y seguridad, que casi siempre están los militares de la más alta graduación que se ponen a disposición de inmediato, los cercanos toman las puertas de acceso y mandan a buscar a las empleadas que mejor se ven para ponerlas como “adornos”, porque las mujeres desprovistas de belleza no venden y se autodesignan asistentes los de más confianza para hacer entender a toda la empleomanía, usuarios y proveedores que a través de ellos es que se llega “al hombre” o “la jefa” en los casos en que sea una fémina la designada”.
Afirma que los altos funcionarios lo que los daña son los cercanos que comienzan desde antes que salga el decreto a lavarle el cerebro y explicarle al de la firma que las cosas a partir de su designación no pueden ser igual que antes “porque a su entender con el cargo viene un manual del nuevo comportamiento”.
“A los que tienen la firma se les convoca a que pierdan el sentido de la realidad por varias razones: 1- le cambian el nombre y solo se le pude decir Director, Ministro o Jefe, porque aunque sean como hermanos no se le puede volver a tutear, porque eso es una falta de respeto; 2-aunque antes se le viera a diario ahora hay que pedirle cita; 3- no se le puede dar mucho tiempo a una conversación amena porque siempre está ocupada la agenda pero, lo que más produce mareo al dueño de la firma es el taconeo de un militar de alta graduación que le indica en correcta posición que a sus órdenes se encuentra. Los ciudadanos afortunados con estar en ese círculo de privilegiados,todo el mundo lo busca, todos quieren ser amigos y son muchos los que le desean conocer, y de igual manera no hay moza que no caiga rendida ante la presencia de uno de éstos, todo porque el más excitante afrodisiaco: es el poder”.
Aconsejó a los actuales funcionarios y a los que vendrán, ser incauto, que, “el que cree hoy que el poder es real, más bien es un sueño, que tiene término y el que no lo reconoce puede despertarse con pesadillas, y el que lo dude lo que aquí le expresó a modo de consejo, solo tiene que verse en el hasta hace poco poder de los funcionarios peledeístas, que hoy están asustados, en su mayoría rezan para no ser llamados por el PEPCA a rendir cuentas; para no ser enviados de vacaciones por un tiempo a Najayo”.
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