Por Onofre Salvador Fulcar
Los graves sometimientos judiciales a funcionarios y allegados del gobierno pasado, parece, según lo que se ve y percibe, terminará afectando aun más al otrora poderoso, Partido de la Liberación Dominicana. Los escándalos tienen categoría mayúscula, situación que dará al traste con varios juicios, donde de seguro se descargará gente y otras afrontarán condenas.
Parece causa perdida, la defensa asumida por la cúpula de esa organización, al intentar llevar al terreno político, situaciones que deben ser contrarrestadas en el plano de la justicia. Es lo más aconsejable, siempre que no se tenga interés en provocar daños más profundos a una estructura muy diezmada, la que al parecer solo le están dejando la opción de abandonar y buscar otros caminos.
Indiscutiblemente, ahí hay mucha gente buena, formada y honesta de pies a cabeza, a la que se debe respetar. Por tal razón, si alguien es señalado como presunto autor de algo, debe asumirlo en el terreno donde se discuten esas cosas, sin buscar escudo en la parte menos indicada, tal vez la que más daño produce.
Existe la presunción de inocencia, la que puede ser mantenida o destruida, según la calidad de las pruebas a cargo o descargo, puestas a disposición de la justicia. Por tanto, resulta imprescindible auxiliarse de buenos abogados, que los hay mucho, pero al mismo tiempo, andar con la verdad como escudo, si es que se cuenta con ella, es la fuente de salvación por excelencia.
Puede existir interés político, eso no se puede negar, sin embargo, no todo se puede desviar hacia ese terreno, menos cuando hay de por medio tantas acusaciones, con el ingrediente poco alagüeño de la cooperación de algunos de los coimputados, quienes al parecer, cantaron su serenata y seguirán haciéndolo a lo largo de los procesos donde son piezas importantes.
No soy partidario de que se haga mucho ruido ante los medios de comunicación, tampoco que se filtren tantas informaciones de los casos que van a la justicia, sobre todo sin pasar ni siquiera la etapa de acusación formal. Lo más correcto es que se busquen los elementos de prueba y se hagan valer en el escenario indicado, siempre respetando el debido proceso, pero de ahí a decir que son cuestiones políticas, se nota un tanto desfasado.
El panorama no pinta nada bueno para unos cuantos que sirvieron en la administración pasada en posiciones privilegiadas, pero deben dar el frente a cada caso con argumentos de peso, si les alcanza, y evitar seguir con la vieja y desagradable manía que se trata de una persecución política.
El horno está caliente, caliente!



