ElPregoneroRD- En los libros de historia dominicana se repite un mismo relato: que la lucha por la soberanía nacional comenzó tras la Anexión a España en 1861. Pero hay una verdad más incómoda, más antigua y más valiente: en 1856, cinco años antes de que Pedro Santana firmara la entrega formal del país, un grupo de hombres alzó la voz desde Moca, en el corazón del Cibao.
Se le conoce como El Grito de Moca. Y aunque su nombre apenas aparece en los currículos escolares, fue el primer acto colectivo de resistencia armada contra el proyecto de entregar la República Dominicana de vuelta a la corona española.
Entre los líderes de ese alzamiento estaban José Contreras, José María Imbert, Segundo Imbert, y otros valientes que no esperaron a que se consumara la traición para actuar. Sabían lo que venía. Y se negaron a callar.
Los persiguieron. Los encarcelaron. Algunos fueron fusilados. Su gesta fue silenciada. ¿La razón? Porque se enfrentaron a un poder que todavía hoy muchos prefieren recordar como fundador, y no como traidor.
El Grito de Moca fue brutalmente sofocado. Pero no fue en vano. Aquella chispa encendida en el Cibao fue el preludio de lo que, años después, estallaría en Capotillo y en la Guerra Restauradora. Sembraron conciencia cuando el país aún no estaba listo para cosecharla.
Hoy, 2 de mayo, no es un día festivo. No hay ofrendas florales ni discursos oficiales. Y sin embargo, deberíamos rendir homenaje a quienes se adelantaron a su tiempo. A quienes entendieron que la soberanía no se negocia… ni se aplaza.
Moca gritó antes que todos. Y ese grito merece memoria.



