Por Juan González
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio un discurso a la nación el miércoles 1 de abril sobre la situación del conflicto con Irán. En ese contexto sostuvo que en tan solo cuatro semanas sus fuerzas armadas habían logrado «una victoria rápida, decisiva y aplastante» frente a las tropas iraníes.
La alocución de Trump recuerda el discurso «Misión cumplida» que el expresidente George W. Bush pronunció en 2003 a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, donde informó que «las principales operaciones en Irak habían terminado», seis semanas después de iniciada la invasión. Sin embargo, entre 2004 y 2007, el país se sumergió en una guerra civil que se convirtió en un grave problema para las tropas estadounidenses.
Tras el fin de las operaciones en 2011, se contabilizaron más de cuatro mil soldados estadounidenses fallecidos, decenas de miles de heridos y cientos de miles de iraquíes muertos. El costo económico de la invasión a Irak se calculó en alrededor de dos billones de dólares.
A partir de la Revolución Islámica en 1979, la doctrina del régimen iraní se basa en una desconfianza profunda hacia todas las potencias, ya sean occidentales u orientales. Durante el siglo XIX, el Imperio Ruso le arrebató a Irán vastos territorios en el Cáucaso, en lo que hoy es Georgia, Azerbaiyán o Armenia.
Posteriormente, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, británicos y soviéticos ocuparon el territorio iraní, depusieron al Sha Reza Pahlavi e instauraron en el trono a su hijo, Mohammad Reza Pahlavi, quien finalmente fue derrocado por la Revolución Islámica en 1979. Además, en 1953, Reino Unido y Estados Unidos llevaron a cabo la Operación Ajax, en la que derrocaron al primer ministro iraní Mohammad Mosaddegh tras nacionalizar la industria petrolera iraní.
El Medio Oriente concentra la mayor capacidad de producción y exportación de petróleo del planeta. Por esta razón, el régimen iraní durante décadas ha venido desarrollando una capacidad ofensiva con misiles balísticos y enjambres de drones, enfocada en interrumpir el suministro energético hacia los mercados globales.
La interrupción del crudo por los estrechos de Ormuz o Bab el-Mandeb representa un gran desafío energético para la comunidad internacional. Con esta estrategia, Irán logra que aliados de Estados Unidos como Japón, Corea del Sur y los países de la Unión Europea, e incluso rivales como China, presionen a Washington para que disminuya el escalamiento del conflicto. El estrecho de Ormuz es la clave geopolítica con la que el régimen iraní preserva su supervivencia.
Robert D. Kaplan, en “La venganza de la geografía”, sostiene que Irán tiene la capacidad de derrotar fácilmente cualquier Estado del Golfo, debilitarlo a través de la población local chií o afectarlo económicamente a través de acciones militares en el estrecho de Ormuz.
Volviendo al discurso de Trump, apenas dos días después de pronunciarlo, varios hechos ocurridos entre el Jueves y el Viernes Santo contrastan con su narrativa de triunfo. Entre ellos destacan la destitución del Jefe de Estado Mayor del Ejército, el general Randy George, lo que refleja discrepancias de algunos altos mandos militares con los objetivos que Trump quiere lograr en Irán, así como el derribo confirmado de un caza F-15 y un avión de ataque A-10.
Además, medios iraníes informaron que también fue derribado un F-35, avión de combate de quinta generación considerado uno de los más sigilosos frente a los radares.
La narrativa contradictoria de Trump está generando preocupación entre los agentes del mercado petrolero mundial. El Brent y el West Texas Intermediate cerraron el Jueves Santo con precios de futuros de US$111.15 y US$107.82, respectivamente. Por su parte, el Financial Times destacó que S&P Global Platts informó que el Brent en el mercado spot (compra para entrega inmediata) se está comercializando en más de 140 dólares el barril.
En esta misma línea, es pertinente destacar que la Agencia Internacional de Energía (AIE) publicó el pasado 20 de marzo un informe titulado “Sheltering From Oil Shocks: Measures to reduce impacts on households and businesses” (Protección contra las crisis petroleras: Medidas para reducir el impacto en los hogares y las empresas), donde recomienda diez medidas para ahorrar combustibles, que van desde retomar el teletrabajo y reducir los límites de velocidad en las autopistas, hasta fomentar el transporte público, promover el uso compartido del automóvil y evitar viajar en avión cuando existan otras alternativas.
Es evidente que la narrativa de Trump sobre una victoria rápida en Irán busca tranquilizar a los agentes del mercado petrolero mundial. Sin embargo, cuando el discurso de un gobernante se aparta de la realidad en medio de una escalada bélica, la confianza se erosiona y la incertidumbre aumenta en los mercados. Por lo tanto, si no se adoptan decisiones coherentes, el mundo podría verse arrastrado a una de las mayores crisis energéticas desde la guerra del Yom Kippur, con un barril de petróleo que podría escalar hasta los 200 dólares, impulsado por la reducción de la oferta y la presión especulativa en los mercados financieros.



