Opinión Política

El fantasma de la división: para sobrevivir al 2028, el PRM necesita su brújula peñagomista

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Por Luis Ruiz

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ostenta hoy un poder casi hegemónico en la política dominicana, consolidado tras victorias electorales consecutivas. Sin embargo, bajo la superficie de este dominio, resuenan los ecos de un pasado conflictivo, un fantasma que persigue a su estirpe política: el fantasma de la división. Para evitar la división de organización el presidente Luis Abinader, deben mirar hacia atrás, no para repetir errores, sino para reencontrar la brújula ideológica de su más notable líder histórico: José Francisco Peña Gómez.

La historia del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), padre político del PRM, es una lección agridulce. Bajo el liderazgo de Peña Gómez, un hombre de orígenes humildes y profunda sensibilidad social, el PRD fue un vehículo de esperanza para las masas, alcanzando el poder en 1978 y 1982. Peña Gómez, defensor incansable de la socialdemocracia, entendía que el mayor enemigo de su partido no estaba en la acera de enfrente, sino en sus propias filas. Su advertencia fue profética: “¡Al PRD, sólo lo destruía el propio PRD!”.

Esa destrucción anunciada tiene, según algunos, una raíz casi genética. La salida de un Juan Bosch descrito como prepotente y arrogante dejó una cicatriz, y décadas más tarde, la ambición personal de Hipólito Mejía de modificar la Constitución para su reelección provocó la fractura definitiva. De ese doloroso parto, forzado por intereses particulares, nació el PRM. Hoy, irónicamente, la historia amenaza con repetirse.

En los pasillos del poder actual, se libra una batalla silenciosa pero feroz. Fundadores del partido y altos funcionarios del gabinete ya no miran hacia el presente, sino que tienen sus ojos fijos en la silla presidencial de 2028. Esta carrera adelantada está provocando dos peligrosas consecuencias: el programa de gobierno se descuida y, más importante aún, los dirigentes medios y la militancia, el verdadero motor del partido, se sienten abandonados. Se está abonando el terreno para el descontento y, eventualmente, la división.

Mientras la cúpula debate el futuro, la sociedad exige respuestas en el presente. El clamor popular es claro y contundente. La gente exige un combate real y transparente contra la corrupción, tanto la pasada como la presente. Demanda el fin de los apagones que castigan a los hogares y pequeños negocios. Pide a gritos un control efectivo sobre los precios de los alimentos y que los programas de subsidios lleguen a quienes verdaderamente los necesitan, no a redes clientelares.

La ciudadanía reclama un gobierno desconectado de los empresarios agiotistas que se han lucrado a costa de los marginados. Cada una de estas demandas insatisfechas es una grieta en la base de apoyo del PRM. La solución a esta encrucijada no requiere inventar una nueva fórmula, sino retomar los principios fundacionales.

El presidente Abinader debe hacer un giro valiente y retomar el «Peñagomismo» como eje de su gobierno. Esto significa gobernar para los más pobres, para aquellos que aún luchan por acceso a servicios tan básicos como agua potable, electricidad constante, una vivienda digna y, sobre todo, salud y educación gratuitas de calidad. Ese es el único camino para romper el ciclo de pobreza perpetrado por los privilegios de unos pocos.

Para evitar la derrota del 2028, el presidente, con la «palanca del cambio» que prometió, debe gobernar con absoluta transparencia, escuchar las críticas, fortalecer la economía desde la base y, crucialmente, promover la unidad interna. Debe construir un consenso amplio entre sus líderes, recordándoles que el poder es un medio para servir, no un fin en sí mismo.

La lección es clara: un presidente que gobierna bien para todos, construye un partido invencible. Uno que permite que las ambiciones internas lo distraigan de las necesidades de su gente, siembra su propia derrota. Las elecciones de 2028 se están decidiendo hoy.