Opinión

EL ESPEJO RETROVISOR: ¿Qué país estamos dejando en el camino?

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Artículo de Opinión Por Brandy Berroa

Hay momentos en los que un país también necesita mirar por el espejo retrovisor.

No para quedarse atrapado en el pasado, sino para comprobar qué dejamos atrás, qué aprendimos y, sobre todo, si el camino que estamos tomando realmente nos conduce hacia donde queremos llegar.

El próximo 24 de agosto comenzará el año escolar 2026-2027. Volverán las mochilas, los uniformes, los cuadernos, los libros, los maestros y los padres haciendo cuentas. Pero deberíamos mirar un poco más allá del primer día de clases. ¿Porqué?.

porque mientras República Dominicana se prepara para abrir nuevamente las puertas de sus escuelas, pensé precisamente en eso: en el espejo retrovisor. Porque cada inicio de año escolar representa mucho más que el regreso de nuestros estudiantes a las aulas. Es también una fotografía del país que somos y una oportunidad para preguntarnos qué país estamos construyendo.

Deberíamos preguntarnos: ¿qué hemos aprendido nosotros como país?.

En los últimos años hemos visto inversiones en infraestructura, distribución de libros y materiales, programas de alimentación, uniformes, tecnología y diferentes iniciativas destinadas a mejorar las condiciones de nuestros estudiantes. Los programas de apoyo escolar representan un alivio importante para miles de hogares. El regreso a clases puede ser motivo de alegría para muchos hogares, pero para otros representa una verdadera operación financiera.

Pero la educación no puede medirse únicamente por aulas construidas, libros distribuidos o estudiantes matriculados. Detrás de cada cifra hay un niño. Detrás de cada matrícula hay una familia. Y detrás de cada estudiante hay un futuro que todavía está escribiéndose. Pero también debemos reconocer el esfuerzo que realizan muchas familias del sector privado para cubrir mensualidades y otros gastos asociados a la educación.

Este nuevo año escolar tiene que ver con algo que muchas veces recordamos demasiado tarde: la seguridad. Los recientes terremotos ocurridos en diferentes partes del mundo vuelven a recordarnos que el riesgo sísmico no es una teoría. República Dominicana vive en una zona donde ese riesgo existe. Por eso, revisar las estructuras escolares y tomar decisiones sobre aquellas que no ofrecen las condiciones necesarias no debería interpretarse como un problema, sino como una responsabilidad. Puede resultar incómodo cerrar un aula, trasladar estudiantes o sustituir una estructura que durante años funcionó como escuela. Pero hay decisiones que debemos tomar antes de que ocurra aquello que precisamente queremos evitar. Aplaudo la decisión de levantar, identificar y derrumbar aquellas edificaciones que no cumplan con los estándares.

Adicional a todo, este año tendremos otra conversación sobre la mesa: el uso de los teléfonos celulares en las escuelas. Las nuevas disposiciones han generado opiniones diversas. Pero quizás deberíamos mirar más allá de la regulación. ¿qué relación estamos enseñando a nuestros hijos con la tecnología? Es fácil decirle a un adolescente que deje el teléfono mientras estudia. Lo difícil es explicarle por qué debe hacerlo cuando nosotros mismos vivimos pendientes de una pantalla. La escuela puede establecer límites. Pero la primera lección sobre el uso responsable de la tecnología comienza en casa.

¿Qué estamos aprendiendo?

Podemos construir aulas, distribuir libros, entregar mochilas, mejorar la alimentación e incorporar tecnología. Pero si nuestros estudiantes terminan el año sin comprender lo que leen, sin capacidad para expresarse, analizar, resolver problemas y pensar por sí mismos, todavía tendremos mucho camino por recorrer. Educar no es solamente preparar para aprobar materias.

Educar es formar criterio. Es enseñar a pensar antes de hablar, investigar antes de compartir, respetar, aunque pensemos diferente y comprender que nuestras decisiones tienen consecuencias. Para eso necesitamos maestros preparados, familias presentes y autoridades capaces de mantener una visión educativa que trascienda los cambios administrativos. Porque los gobiernos cambian. Los funcionarios cambian. Los ministros cambian.

Pero una generación permanece. Un niño que hoy entra a primer grado no puede esperar a que cada administración termine de decidir qué educación queremos. Está creciendo ahora. Está aprendiendo ahora. Está formando su carácter ahora. Por eso, la educación debería ser uno de esos temas capaces de sentarnos a todos en la misma mesa: gobierno, maestros, padres, empresarios, universidades, organizaciones sociales y comunidades. Podemos pensar diferente en muchas cosas. Pero debería existir un acuerdo fundamental: nuestros niños merecen una educación cada vez mejor.
Ahí es donde el espejo retrovisor vuelve a tener sentido. Cuando manejamos, no podemos fijar nuestra mirada permanentemente en él. Si lo hacemos, perderemos de vista el camino.
Pero tampoco podemos ignorarlo. Lo miramos para recordar lo que dejamos atrás y tomar mejores decisiones mientras avanzamos.

Entonces vale la pena preguntarnos: ¿Estamos formando estudiantes para aprobar exámenes o ciudadanos capaces de transformar su realidad? ¿Estamos construyendo escuelas para el presente o para las próximas generaciones? ¿Estamos enseñando a nuestros hijos a utilizar la tecnología o permitiendo que la tecnología los utilice a ellos?

Quizás este nuevo año escolar sea una buena oportunidad para mirar por ese espejo.
No para castigarnos por lo que hicimos mal. Tampoco para negar lo que hemos logrado.
Sino para aprender. El país que ellos encontrarán dependerá, en buena medida, de lo que nosotros hagamos hoy.

Por eso, la pregunta de este regreso a clases quizás no sea solamente si estamos listos para comenzar un nuevo año escolar. Es mucho más profunda: ¿Estamos preparando a nuestros hijos para el país que queremos que hereden?

Porque el espejo retrovisor nos permite mirar hacia atrás. Pero el volante sigue en nuestras manos.
12 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.
13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante
Filipenses 3: 12, 13