Desde hace años muchas voces se levantan pidiendo que se mejore el contenido de los medios de comunicación tradicionales, y decimos tradicionales porque los digitales es poco o nada lo que se puede hacer, también se pide que se impida el acceso de niños a espacios para adultos, se reduzcan las bancas en los barrios y que los colmados no coloquen maquinitas para que jóvenes y niños no jueguen.
Pero poco se habla de la responsabilidad de padres y tutores en el consumo de productos para adultos, mucho exigir al Estado, pero siendo honestos en las casas, en sus dispositivos electrónicos y los entornos que la mayor de las veces escogemos estar, son los que exponen a niños y jóvenes a contenido vicioso, malicioso y vulgar y en ocasiones hasta celebramos embelesados la sexualización temprana cuando aplaudimos los bailes y sus imitaciones de los nuevos «astros» musicales, mismos que no podemos culpar puesto que graban lo que el público está consumiendo y para muestra un botón, 100,000 personas fueron a ver a Bad Bunny y el problema no es que fueran, si no ver la cantidad de niños que allí habían y sus orgullosos padres subían sus post extasiados de la felicidad mientras sus hijos lo daban todo bailando sobre perras, partes íntimas, tríos, orgías y consumo de drogas, pero está bien porqué son sus padres, y con sus hijos nadie se mete y después quieren que el Estado los meta en cintura, cuando ya trivializado el tema ellos quieren experimentar todo lo que escuchan y ven por doquier.
¿Cómo le ganamos a Cuba?
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