Opinión

El colapso del Jet Set: Una tragedia que conmociono al país

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Katerine Estévez

La noche del 7 de abril se perfilaba como otro de los habituales “lunes bailables” del Jet Set, donde las risas, los bailes y el merengue eran los protagonistas. Nadie se imaginaba que esos momentos de diversión se convertirían en gritos de ayuda y llantos de pérdida.

A la medianoche del martes, bajo las notas de “Color de Rosa” que interpretaba la voz más alta del merengue, Rubby Pérez, el techo de la emblemática discoteca colapsó, apagando la vida de al menos 232 personas, según el Centro de Operaciones de Emergencias (COE).

La tragedia marcó este lugar que, por más de 40 años, había sido la casa de la música tropical. En cuestión de segundos, se transformó en un escenario de horror.

En la madrugada, el presidente Luis Abinader recibió una llamada urgente de la gobernadora de Montecristi. La voz de un joven desesperado le alertó del desplome del techo del establecimiento. El mandatario pidió hablar con Nelsy Cruz, quien, entre los escombros, logró pedir que se enviaran ambulancias al lugar.
Pocos minutos después del colapso mortal, la primera llamada informó a las autoridades sobre la magnitud del evento seguidas de inmediato de cientos más.

Los rescatistas, con una labor encomiable de más de 40 horas ininterrumpidas de trabajo, se convirtieron en héroes sin capa.

En menos de 10 minutos a la llamada zona cero acudieron los Bomberos del Distrito Nacional, el Grupo Hurón, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), la Defensa Civil, Policía Nacional. Sin embargo, ninguna experiencia los preparó para lo que encontraron.

El subdirector del Centro de Operaciones de Emergencias, Erwin Olivares, en una entrevista en “El Informe con Alicia Ortega”, comento que mientras se iba preparando para el “peor escenario, encontró el catastrófico”.
Al amanecer, el país despertó con las desgarradoras imágenes de la tragedia, y pronto se impuso el silencio.

A pesar del dolor, la solidaridad del pueblo dominicano floreció en cada gesto: donaciones de alimentos para los rescatistas, apoyo incondicional a los familiares que aún aguardaban noticias frente al Jet Set, y una masiva afluencia a los puntos de donación de sangre para los cientos de heridos.

Las lágrimas del General Méndez dejaron entrever el profundo dolor de este evento en él y en todo un país. Los relatos de los rescatistas, con la emoción reflejada en sus ojos, profundizaron aún más el dolor colectivo.

El coronel Juan Tavares, director de operaciones del Grupo Hurón, explicó también en el Informe, cómo le impactó que los sobrevivientes bajo los escombros lo llamaran por su nombre.

¨Sácame Tavares, coronel, ven aquí, ayúdame,  cada vez que una de esas personas me llamaba por mi nombre sentía impotencia, quería levantar los escombros y sacarlos a todos”, relató con voz entrecortada.
Los sobrevivientes describen esos minutos, e incluso horas, como el peor momento de sus vidas.

Mientras tanto, el país continúa llorando la pérdida de Rubby Pérez, Octavio Dotel  y cientos de víctimas, a quienes les arrebataron sus metas y sueños.

Hoy, días después de la tragedia que sumió al país en un luto colectivo, las afueras del Jet Set se han convertido en un santuario improvisado, donde los recuerdos de aquellos que perdieron la vida son honrados con cánticos religiosos, flores y lágrimas.

La discoteca, que un día fue sinónimo de alegría, hoy es solo un símbolo de la pérdida más profunda.

El país ahora espera respuestas. El gobierno ha prometido investigar las causas del colapso.
La ciudadanía exige que se haga justicia, que se determinen las responsabilidades y que los responsables enfrenten las consecuencias.

Las voces de las víctimas, sobrevivientes y sus familias claman para que esta tragedia no quede en el olvido. En un país que transformó el dolor en solidaridad, la justicia es el próximo paso para honrar a quienes perdieron la vida aquella fatídica madrugada.