Hace tan solo unos años, las empleadas solteras que salÃan embarazadas en los bancos debÃan casarse o eran canceladas, hasta hace poco, tirarse la foto de cédula con un afro era imposible, no digamos conseguir trabajo, hace par de años se viralizó la situación de una menor cristiana que fue aislada por las autoridades de su plantel, ya que el código institucional imponÃa el uso de pantalones.
TodavÃa hoy, el gerente de un banco debe tener cierto tipo de vehÃculo, en colegios alinean a niños de padres considerados fuera del molde, las hijas de Sobeyda Feliz y de otros convictos, fueron forzados o intentaron ser sacados de sus planteles escolares, un polÃtico dominicano sufrió una de las campañas más agresivas basada en sus supuestos orÃgenes y en el color de su piel, no hay comunicadora que no haya sentido la presión de mantener cierta imagen y las que no la tienen pueden dar fe y testimonio de lo difÃcil que es, le cuesta asÃ, tengan la toda la preparación, si eres muy viejo no te contratan, pero si eres muy joven tampoco, si estas en edad reproductiva tampoco o eso quisieran, la lista podrÃa seguir infinitamente y todos estos casos reales tienen algo en común, fueron ciudadanos dominicanos que sufrieron discriminación por su sexo, religión, vida privada, clase social, forma de vestir, etc., etc., etc.
Como vemos, la discriminación no es un problema de un colectivo, asà que las pretenciones de la Cámara de Diputados, incluyendo un párrafo perdido entre tantos, no solo afecta a la comunidad LGTB, asà que los muy conservadores deben dejar de lado su pruritos morales y recordar que la discriminación puede tocar su puerta más fácil de lo que se imaginan, una vez se institucionalice en una ley.
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