Opinión

El bumerán político de Leonel Fernández

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Por: Wendy Chevalier

El escenario político de la República Dominicana tiene memoria corta, pero los hechos históricos no se borran con discursos, por más hermosos y cargados de palabras cultas que estos sean.

Recientemente, el expresidente Leonel Fernández alzó la voz con tono de tragedia griega para denunciar supuestas acciones de intimidación, chantaje y presiones del actual gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) para, supuestamente, impedir que la gente asista a las actividades políticas de la Fuerza del Pueblo (FP). El León, tres veces mandatario, se queja con el pecho herido, asegurando que el oficialismo le tiene pánico a su «indetenible» ascenso. Sin embargo, al ver el guion de su propia película reciente, resulta inevitable reírse para no llorar: ¿está sufriendo el León un atropello o simplemente está probando una cucharada de su propia medicina con todo y postre?

Para entender este chiste político que se cuenta solo, hay que rebobinar la película al 2019 y 2020. Tras armar su rabieta, fundar la Fuerza del Pueblo y dividir con éxito quirúrgico al Partido de la Liberación Dominicana (PLD), Fernández aplicó el famoso lema de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo». Se unificó de manera muy tierna y táctica con el PRM para asegurar que sus antiguos compañeros morados salieran corriendo del Palacio Nacional. Dicen las malas lenguas y los pasillos políticos que, como regalo de bodas por esa alianza que llevó al PRM al poder, a don León supuestamente se le otorgó una «llavecita» muy especial: una cuota de control e influencia decisiva en la Procuraduría General de la República y ser declarado partido mayoritario al inicio de esta gestión.

Y es aquí donde la comedia se vuelve de humor negro. Se comenta tras bastidores que, presuntamente estrenando ese juguete judicial que le prestaron en el nuevo gobierno, Fernández impulsó una Luna de Miel de persecución contra sus excompañeros del PLD. El resultado lo vimos todos en televisión nacional: exfuncionarios con cascos y chalecos tras las rejas, juicios con más rating que una telenovela y el despojo de una inmensidad de propiedades bajo el manto de la ley. Por supuesto, legalmente todo se maneja bajo el velo de la «suposición» porque pruebas directas no hay. Sin embargo, en la percepción del pueblo quedó clarísimo que esa maquinaria judicial inicial se movía con hilos políticos muy específicos para triturar lo que quedaba del partido morado. ¡Quién lo diría!

Por eso, ver hoy a Leonel Fernández con cara de víctima del sistema es un acto de magia digno de aplauso. Los ataques que lanza ahora contra el gobierno del PRM, acusándolo de “tramposo“ y de usar los recursos estatales en su contra, chocan de frente con el monstruo que él mismo ayudó a alimentar hace apenas unos años. El poder político es una rueda de parque de diversiones y los acuerdos por conveniencia se vencen más rápido que la leche. Quien supuestamente sopló los vientos de la persecución judicial en este mismo periodo para ahogar a sus rivales, no puede ponerse a llorar ahora que el viento cambió de dirección y le despeinó el copete.

El líder de la Fuerza del Pueblo se enfrenta hoy al espejo de sus propias travesuras. Dividió a su casa original, pactó con quienes hoy le hacen la vida imposible y supuestamente orquestó el acorralamiento de sus antiguos hermanos políticos. Su denuncia actual de que el oficialismo le sabotea las actividades no genera lágrimas, sino sonrisas irónicas en el tribunal de la opinión pública dominicana. La conclusión es unánime: al León no lo están persiguiendo de forma extraordinaria, simplemente le está doliendo el golpe del bumerán que él mismo lanzó con tanto entusiasmo.

Señor Leonel Fernández: el poder es transitorio y las alianzas por conveniencia política son como los bumeranes: vuelven y te dan en la frente si no sabes cacharlos. Toda decisión tomada para destruir a un adversario en el presente siembra las espinas de su propio colchón en el futuro. Antes de trazar sus próximas e intelectuales estrategias, recuerde que los mecanismos de presión judicial y los pactos que usted supuestamente impulsó en este gobierno para encarcelar y despojar de propiedades a sus excompañeros, hoy se han convertido en las armas de sus actuales enemigos. Si desea un sistema justo cuando está abajo, no juegue a ser el titiritero cuando pacta arriba.

Pondere con sabiduría sus pasos futuros, para que sus propias tácticas no sigan alimentando este divertido bumerán que siempre regresa a visitarlo.