Por Mariano Abreu Vólquez
Consultor de Imagen Pública y Analista Político
La reciente asamblea del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no solo dejó definiciones institucionales, sino que dibujó con precisión milimétrica la nueva correlación de fuerzas con miras a la sucesión presidencial. Quien intente analizar el escenario oficialista bajo un esquema bipolar comete un error de cálculo estratégico. Hoy la realidad es innegable: existen tres fuerzas políticas claramente delimitadas disputándose la candidatura a la presidencia, y en este reordenamiento, la corriente encabezada por Wellington Arnaud ha consolidado cuotas de poder neurálgicas que redefinen el mapa interno.
El avance de Arnaud en este evento no es una percepción, sino un hecho traducido en posiciones orgánicas y territoriales de primer orden. La designación de Luis Delgado —su coordinador general y actual tesorero del partido— como nuevo Secretario Electoral del PRM representa el control de una de las áreas más sensibles de la estructura partidaria. A esto se suma la consolidación del peso político en el Cibao a través de Rosa Santos, brazo político de Arnaud en la región, quien siendo gobernadora de Santiago fue escogida como Subsecretaria General del partido y presidenta del PRM en la plaza política más influyente del norte. Estas posiciones demuestran una capacidad de estructuración y penetración territorial que marca distancia.
En el reverso de la moneda, la dinámica exhibe contrastes marcados. Los hechos recientes continúan evidenciando un patrón recurrente: en los escenarios donde a David Collado le ha tocado medirse o enfrentarse al empuje de Wellington Arnaud, el saldo no le ha sido favorable. Ya se observó en los procesos de la Federación Dominicana de Municipios (Fedomu) y la Federación Dominicana de Distritos Municipales (Fedodim), y este evento partidario no fue la excepción.
Para no quedarse con las manos vacías en el reparto de influencia, el sector de Collado tuvo que recurrir al respaldo de una candidatura ajena, apoyándose en Gloria Reyes. Sin embargo, en el análisis político de fondo, la ecuación es clara: Reyes pertenece a la estructura política de Eduardo Sanz Lovatón (Yayo), no a la de Collado. A esto se añade que la intención primaria de ese sector era colocarla en la Secretaría General del partido, pretensión en la que terminaron perdiendo el pulso político.
El tablero del PRM ha entrado en una fase donde las estructuras y el control territorial pesan más que las dinámicas de coyuntura. La asamblea dejó al descubierto quiénes cuentan con tropa y estrategia orgánica propia, y quiénes se ven obligados a pactar en terreno ajeno para mantener presencia en el debate por el 2028.
Y como colofon pregunto: ¿Perdió David Collado el interés de asistir a un evento tan importante, como la Asamblea Nacional de Delegados de su partído, por lo que describimos precedenteme?



