Editorial

Educar para ser dominicanos

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@abrilpenaabreu

En tiempos de cambios acelerados, donde las identidades se diluyen con facilidad y los referentes se vuelven cada vez más frágiles, educar ya no puede limitarse a transmitir contenidos académicos. Educar hoy implica formar carácter, conciencia y pertenencia. Bajo esa premisa cobra especial relevancia el compromiso que ha asumido el ministro de Educación, Luis Miguel Dcamps con la promoción de los valores patrios, cívicos y morales como ejes centrales de la formación de los jóvenes dominicanos.

La reciente jornada cívica y pedagógica nacional realizada por el voluntariado Agentes al 100, en conmemoración del natalicio de jJuan Pablo Duarte no fue un acto protocolar ni una conmemoración vacía. Fue la expresión concreta de una visión educativa que entiende que la identidad nacional no se preserva con discursos ocasionales, sino con acciones sostenidas y coherentes. La segunda misión del voluntariado, denominada Corazón de Duarte, evidenció que los valores pueden enseñarse —y aprenderse— desde la práctica, el servicio y el ejemplo.

La reintegración de la enseñanza de Moral, Cívica y Ética Ciudadana al currículo escolar, como parte de la estrategia Ciudadanos al 100 del Minerd marca un punto de inflexión necesario. Durante años, la formación académica avanzó desconectada de la formación ética, dejando un vacío que hoy se refleja en múltiples expresiones de deterioro social. Retomar esa enseñanza no es un gesto nostálgico ni un retroceso: es una corrección de rumbo.

Durante su discurso, el ministro De Camps fue claro al señalar que, aunque los tiempos han cambiado, la responsabilidad con la Patria sigue siendo igual de grande. Hoy, afirmó, la verdadera lucha no se libra en campos de batalla, sino en la defensa cotidiana de nuestra identidad, nuestros valores y nuestra conciencia cívica. Duarte —recordó— no nos legó únicamente una República, sino un compromiso moral que debe ejercerse, no solo recordarse.

Y es precisamente ahí donde esta iniciativa adquiere mayor profundidad. Preservar la dominicanidad no es un concepto abstracto ni un ejercicio retórico. Es una tarea diaria que exige conciencia y carácter, especialmente en una sociedad cada vez más expuesta a influencias externas que, sin filtros ni contexto, tienden a desdibujar lo propio. Muchos de nuestros jóvenes necesitan hoy referentes claros que los ayuden a reconocerse, a valorarse y a comprender qué significa ser dominicano más allá de los símbolos.

Que el ministro no solo impulse estas políticas desde el despacho, sino que acompañe personalmente a los estudiantes en acciones comunitarias, tiene un valor pedagógico innegable. El ejemplo sigue siendo una de las herramientas más poderosas de la educación. Y basta observar el entusiasmo y la receptividad de los jóvenes involucrados para entender que algo distinto está ocurriendo: cuando los valores se viven, conectan.

Resulta especialmente significativo que desde una institución pública se impulse el liderazgo ético, el servicio y el civismo como pilares de formación. El voluntariado Agentes al 100 envía una señal clara de que el relevo generacional no está desconectado del país y que, cuando se le brindan herramientas, responde con compromiso.

Como bien expresó De Camps, vivimos en un mundo que cambia con rapidez, y cuidar la dominicanidad es hoy un acto de valentía. Preservar lo nuestro, desde la escuela y desde la vida cotidiana, es la forma más auténtica de honrar el legado de Juan Pablo Duarte. Porque, como recordó el propio ministro, el patricio permanece vivo no solo en los libros de historia, sino en la conducta ciudadana: mientras haya dominicanos dispuestos a ejercer la Patria, la República seguirá viva.

La reciente campaña del Ministerio, que amplía este mensaje a toda la sociedad, reafirma una verdad esencial: la defensa de nuestra identidad no es tarea exclusiva del sistema educativo ni del estudiantado. Es un compromiso colectivo. Y cuando el Estado asume su rol formador con coherencia, el país entero avanza.