Por Marco Antonio Baldera
Pocos cuestionan que Juan Pablo Duarte es la figura de mayor estatura en la historia dominicana. Su mérito principal radica en haber sido el primero en comprender que el pueblo dominicano tenía las potencialidades para constituirse en nación, lo que quiere decir, para llevar una vidad soberana a través de un Estado plenamente independiente. Al enunciar éste objetivo, trazó las orientaciones de las luchas por la libertad y la igualdad que caracterizaron la historia dominicana en el siglo XIX.
Pero Duarte fue mucho más lejos que aspirar a una vida independiente, porque también trazó los rasgos del orden político y social deseable. En tal sentido, se adscribió a las nociones de la Revolución Francesa de la libertad, igualdad y fraternidad, que inauguraron la vida Moderna, por oposición al «viejo régimen» del absolutismo de los monarcas y la preeminencia de los nobles. El ideario nacional de Duarte, en consecuencia, estaba inserto en una concepción liberal y democrática radical, puesto que combatia denodadamente todas las expresiones de ideologia conservadora, favorables al mantenimiento de los privilegios para ciertos grupos.
La grandeza de Duarte está en haber prefigurado primero que nadie todo esto, sin abandonar un sólo momento de su vida y lucha todo el ideal que desde muy temprano abrazó.
MARCO BALDERA



