Por Abril Peña
Mientras en gran parte del mundo el Día del Padre se celebra el tercer domingo de junio —como herencia directa de la tradición estadounidense—, en República Dominicana lo hacemos a final de julio. Específicamente, el último domingo del mes. ¿Capricho tropical? ¿Desfase cultural? No. La historia tiene raíces más profundas y más prácticas de lo que muchos imaginan.
De Trujillo a Balaguer: el origen legal
La primera vez que se instituyó oficialmente el Día del Padre en República Dominicana fue bajo el régimen de Rafael Leónidas Trujillo, con la promulgación de la Ley 501 de 1941, que estableció su celebración el primer domingo de junio. Era la era del calendario patriótico, en el que cualquier fecha era una oportunidad para reforzar símbolos de poder y unidad familiar.
Sin embargo, en 1969, durante el gobierno de Joaquín Balaguer, se promulgó la Ley 443, que trasladó la conmemoración al último domingo de julio. ¿El motivo? No fue ideológico ni simbólico, sino puramente práctico y económico.
Una decisión con motivación comercial
Según documentos y crónicas de la época, el cambio se debió a la presión de sectores comerciales y económicos que argumentaban que la cercanía con el Día de las Madres (celebrado en mayo) afectaba las ventas. Se buscaba separar ambas festividades para que el comercio pudiera capitalizar mejor cada fecha y las familias tuvieran más holgura para celebrarlas.
La propuesta fue acogida por el gobierno de Balaguer y convertida en ley. Desde entonces, el Día del Padre dominicano tiene su propio espacio en el calendario, lejos de la sombra de las madres y justo antes del inicio del ciclo escolar.
Un día con menos protagonismo, pero con igual valor
Pese al cambio de fecha y su institucionalización, lo cierto es que el Día del Padre en República Dominicana nunca ha tenido el mismo nivel de despliegue ni emocional ni comercial que el Día de las Madres. La publicidad es menor, las actividades escolares más discretas, y el gasto familiar más contenido. Pero eso no resta valor al rol paterno ni a la importancia de visibilizarlo.
Celebrar a los padres presentes, responsables, protectores y comprometidos debería ser más que una efeméride. Y si bien la fecha varía, el mensaje permanece: la paternidad importa.
Reflexión final
Cambiar la fecha fue una movida comercial, sí, pero también abrió la puerta para que la figura del padre tuviera su propio momento. En un país donde tantas veces los hombres han sido socialmente educados para la distancia emocional, celebrar la presencia, el afecto y la responsabilidad es más importante que nunca.
Este domingo, más allá del regalo o la comida familiar, que sirva para repensar qué significa realmente ser padre en el siglo XXI… y qué tipo de figuras paternales estamos formando como sociedad.



