Opinión

Democracia y Oposición

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Por José Manuel Jerez


La democracia representativa crea grupos que se oponen entre sí y que tienen como objetivo la toma del poder. Unos ganan y otros, se oponen a los que mandan hasta que se realizan nuevas elecciones. Unos llegan, mientras otros van a la otra acera, a oponerse.

En América Latina, donde todavía es muy primitiva la política, arrastramos aún el espíritu guerrero como estandarte y no las ideas, por lo que se hace común que quien quiera desplazar a alguien en el poder genera que ser contrario a un proyecto político es simplemente estar en contra de él hasta el punto de no presentar opciones, sino que la crítica se vuelve la bandera y los cañones, incluso, lanzan campañas de descrédito contra el oponente, para con ello, como si fueran vasos comunicantes, los potenciales votantes caigan en su parcela o les prefieran.

La campaña de descrédito puede estar sustentada incluso en hechos verdaderos, pero la forma es insana e inapropiada y siempre produce menos de lo que se ha sembrado.

La democracia es lucha de ideas, de proyectos, pero de ahí a proceder a la creación de un guión que pretenda destruir moralmente a una persona, hay una diferencia marcada que habla muy mal de quien se empeña en ese despropósito.

Hay campañas de descrédito del proyecto, del equipo político, del líder o figura pública que a veces, incluso, llega a tocar a la familia y su vida personal.

Algo está claro, una campaña de descrédito no genera votos y aunque el efecto de ésta no debe ser ignorado, también es evidente que la persona o grupo que procede al descrédito no tiene futuro ni con la ciudadanía ni con el país, porque quien así procede, quien usa las campañas denotativas para lograr sus objetivos, es perjudicial para tod@s.