Editorial

Del 24 de abril del 65 a hoy: ¿Qué cambió en República Dominicana?

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ElPregoneroRD-El 24 de abril de 1965 no fue solo una fecha. Fue una grieta en la historia dominicana por donde se colaron la dignidad, la sangre y el reclamo de justicia. Aquel día, un grupo de militares y civiles valientes alzó la voz por la vuelta a la constitucionalidad, por el regreso de Bosch, por el derecho a decidir como pueblo. Lo que vino después fue una invasión: más de 40,000 marines de Estados Unidos pisaron suelo dominicano, no para proteger la democracia, sino para blindar sus intereses.

Hoy, 60 años después, la ocupación ya no necesita botas ni fusiles. Se da en forma de préstamos, tratados, plataformas, narrativas, algoritmos. El poder ha cambiado de forma, pero no de fondo.

República Dominicana sigue atada a las decisiones del Tío Sam, desde su política migratoria hasta su matriz energética. Desde las presiones diplomáticas hasta las líneas editoriales de medios internacionales que moldean nuestra imagen en el exterior.

¿Qué cambió después de abril? Cambió todo y no cambió nada. Tuvimos elecciones, alternancia, reformas, crecimiento económico.
Pero seguimos dependiendo. Seguimos obedeciendo. Seguimos temiendo.
Seguimos sin decidir del todo sobre lo que importa y a diferencia de la animadversión histórica que sentimos hacia Haití por una invasión que duró 22 años, hacia Estados Unidos no solo no hay odio: hay admiración. Hay deseo. Hay aspiración.

Nos han conquistado de otra forma.

Hoy nuestros hijos estudian en colegios bilingües donde aprenden a pronunciar “Thank you” antes que “gracias”.
Celebramos Halloween, decoramos árboles en Thanksgiving, escondemos huevos de Pascua sin saber siquiera de dónde vienen esas tradiciones.
Vemos Netflix más que cine local, comemos más hamburguesas que mangú.
Vestimos sus marcas, repetimos sus discursos, consumimos sus redes.

Y lo más grave: pensamos como ellos. Nos han hecho creer que el éxito se mide en dólares, que la justicia se parece a la suya, que sus batallas son nuestras. Que ellos son el modelo.

Nos invade su cultura, su política, su ideología.
Pero no lo sentimos como invasión. Porque no llegó con armas, sino con promesas.

Nos conquistaron sin fusiles. Y quizás por eso fue más efectivo.

Y es ahí donde radica la ironía más dolorosa: luchamos por soberanía, y terminamos atrapados en una dependencia sofisticada, aceptada, muchas veces invisible.

Recordar abril no es solo homenajear a Caamaño o a los constitucionalistas.
Es preguntarnos si hoy somos realmente libres.
Si hoy alguien se atrevería a luchar por la patria, aunque el enemigo no vista uniforme militar, sino traje, corbata, cuenta bancaria o pantalla táctil.