Los dominicanos nos hemos acostumbrados a realizar las cosas bajo presión, siempre dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy y eso sale caro la mayor de las veces.
Las ciudades dominicanas han crecido de manera sumamente desordenada y hay decisiones duras por su costo, por el impacto en la vida de la gente y sobre todo por lo poco que reditúan políticamente hablando que se han postergado hasta encontrarnos en la situación en la que estamos hoy, una ciudad en la que solo se puede transitar con normalidad en vacaciones y que se inunda, ya no de manera excepcional, si no que se ha vuelto la nueva normalidad, y todo esto nos ha agarrado asando batata y no por falta de información precisamente, lo del cambio climático y sus efectos SOBRETODO en las islas está muy documentado y denunciado, por lo que si en los últimos 20 años sector público y privado hubiesen trabajado en consecuencia tal vez y sólo tal vez, pudiésemos enfrentar con más éxito los embates de la naturaleza.
La reorganización de la ciudad, del tránsito, el drenaje pluvial, soterraron tendidos, mejorar normas de construcción para los parqueos soterrados son tareas pendientes, que ya no soportan un día más, la espera, postergamos y postergamos hasta que llegó el momento de hacerlo a las buenas o a las malas, sin importar el costo, y a las malas ni el dulce gusta.



