Por: Ariel Lara
En el escenario internacional, la posición de la República Dominicana debe ser inequívoca. No hay espacio para la duda ni para el coqueteo con ideologías que solo han sembrado inestabilidad en la región. Mientras el mundo presencia el liderazgo firme del presidente Donald Trump, la visión estratégica del secretario de Estado Marco Rubio y el respaldo de la embajadora Leah Francis Campos, nuestro país debe ratificar su compromiso con el bloque de la libertad.
El Escudo de las Américas: Nuestra verdadera pertenencia
La República Dominicana no es un actor aislado; pertenecemos con orgullo al Escudo de las Américas. Esta alianza con los Estados Unidos es la única garantía real para nuestra seguridad nacional y prosperidad económica. Formar parte de este cinturón de defensa contra el autoritarismo y el caos nos exige una lealtad absoluta hacia los valores de orden, democracia y libre mercado que Washington promueve bajo esta nueva administración.
Cero participación con la izquierda y sus agendas
Es por esto que resulta inaceptable cualquier participación en cumbres o foros de izquierda internacional. Estos espacios son el nido de la «agenda woke» y de las políticas de fronteras abiertas que pretenden disolver nuestras soberanías nacionales. Un país que forma parte del Escudo de las Américas no puede sentarse en la mesa de quienes promueven la migración descontrolada y el debilitamiento de nuestras instituciones tradicionales.
No se puede ser un aliado estratégico del Norte y, al mismo tiempo, validar con nuestra presencia agendas que son diametralmente opuestas a los intereses de seguridad que compartimos con el presidente Trump y el secretario Rubio.
Conclusión: Firmeza ante la ambigüedad
Nuestra ruta es clara y no admite desvíos. La prosperidad de nuestros barrios y la protección de nuestro territorio no se logran con retórica izquierdista, sino fortaleciendo los lazos con los aliados que realmente nos respetan y protegen. Es hora de cerrar filas: con Washington, con el Escudo de las Américas y con la frente en alto, dejando atrás cualquier sombra de ambigüedad ideológica.



