Opinión

«Cúmulo de penas y cadenas perpetuas». ¿Estamos listos?

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Por: Valentín Medrano Peña

El discurso extremista toma cuerpo en Latinoamérica, algunos han vivido del anunciado fatalismo, de eventos caóticos por venir, de males avisorables sólo en su afán de vender el miedo a altos costos.

A no pocos ha redituado beneficios tanto económico como político. Venden el miedo, anuncian fatalismos, los inflan y se plantean como remedio o señalan a uno de sus aupadores como panacea y mesías.

Algunos de ellos, los menos afortunados, suelen ser constantes en sus posturas vendedoras de desgracias, y de tanto abrazarse a sus mentiras llegan a creerlas y devienen en mitómanos capaces de experimentar un martirio en sus inexistentes vidas espectrales.

Otros son simples oportunistas, se rigen por encuestas de interés, y enarbolan un discurso en función de lo que sus asesores le dicen que es lo quieren oír las personas, los electores, poco les importa si lo que dicen, lo que gusta, va en consonancia con las posibilidades de desarrollo y bienestar de la gente, son acientíficos, hipócritas, pues lo que dicen no lo creen, no lo sienten ni lo entienden. Y lo prometen como si fuera bueno, muchas veces sabiendo que no lo es, pero parece.

La historia de las penas es la historia de la pena, del sufrir, de la lástima que ha de sentirse por no ser lo suficientemente justo en la bonanza y crear escorias y necesitados forzados al crimen, a quienes reprimimos sin combatir las causales de sus males y carencias.

Aumento de penas es aumento de la vergüenza colectiva, la que se debe sentir por haber fracasado todos, por no darse a los demás y en ello contribuir a crear el edén en la tierra.

Somos carenciados, nuestras instituciones lo son, y ameritan desarrollarse mucho más para poder encarar la posibilidad de decidir sobre la vida y la muerte, no tenemos capacidad, independencia, entereza y reciedumbre suficiente para administrar tal responsabilidad sin caer en genocidios y excesos. Nos falta crecer aún más. Y es que el cúmulo de penas y la cadena perpetua son el fracaso del sistema de redención, expiación, rehabilitación y reinserción. Son el fracaso de la sociedad.