Por Frank Hernández
Los vehículos autónomos avanzan en Estados
Unidos, pero detrás de la tecnología aparecen preguntas que todavía no tienen respuestas definitivas
Durante generaciones, tomar un taxi significó subir a un vehículo, saludar a un conductor y decirle hacia dónde se quería ir. El automóvil podía ser moderno, eléctrico o tener todos los adelantos tecnológicos, pero detrás del volante siempre había una persona.
Esa escena está comenzando a cambiar.
En Estados Unidos ya circulan servicios de transporte autónomo y Tesla ha dado un paso más con su Cybercab, un vehículo diseñado para transportar pasajeros sin conductor humano y sin volante ni pedales tradicionales. En Austin, Texas, Tesla comenzó a ofrecer recorridos limitados con estos vehículos, mientras las autoridades federales examinan aspectos relacionados con su certificación y seguridad.
La imagen parece sacada de una película de ciencia ficción: una persona solicita un taxi desde su teléfono, el automóvil llega solo, abre sus puertas, recoge al pasajero y comienza el recorrido. No hay conductor que pregunte el destino. No hay conversación. No hay una persona que tome una decisión humana ante una situación inesperada.
Hay inteligencia artificial
Y precisamente ahí comienza el debate, el automóvil que toma decisiones, un vehículo autónomo no es simplemente un automóvil eléctrico al que le quitaron el conductor, es una computadora sobre ruedas, equipada con cámaras, sensores, sistemas de comunicación y programas capaces de interpretar el entorno y tomar decisiones en fracciones de segundo.
Tesla sostiene que su tecnología está diseñada para operar de manera autónoma. Pero la realidad de las calles es mucho más compleja que una demostración tecnológica.
Una carretera no es un laboratorio.
Hay peatones que cruzan inesperadamente, conductores que violan un semáforo, motocicletas que aparecen entre vehículos, inundaciones, accidentes, obstáculos, calles cerradas y situaciones que no siempre pueden ser anticipadas por un algoritmo.
Recientemente, incluso una experiencia periodística con el Cybercab en Austin describió un recorrido que terminó en un lugar diferente al destino solicitado, una muestra de que todavía existen situaciones prácticas que la tecnología debe perfeccionar.
La pregunta, por tanto, no es únicamente si el automóvil puede conducir solo.
La pregunta es qué ocurre cuando algo sale mal.
El día que llegue el bombero
Aquí aparece uno de los aspectos menos discutidos de esta revolución tecnológica: los servicios de emergencia.
Durante décadas, bomberos, policías y paramédicos han desarrollado procedimientos para enfrentarse a vehículos accidentados.
Saben dónde buscar al conductor, cómo inmovilizar un automóvil, cómo cortar determinados componentes y cómo comunicarse con las personas atrapadas.
Pero ¿qué ocurre cuando llegan ante un automóvil que no tiene conductor?
Texas ya exige a los operadores de vehículos automatizados proporcionar información sobre la manera en que los primeros respondedores deben actuar durante una emergencia.
Y Tesla ha preparado documentación específica para los primeros respondedores, el plan del Cybercab contempla que el vehículo pueda detectar luces y sirenas de vehículos de emergencia y adoptar determinadas respuestas ante su presencia.
Pero una cosa es que el sistema esté diseñado para responder y otra muy distinta es que la situación real de una emergencia se comporte exactamente como fue prevista.
Un automóvil autónomo accidentado puede quedar atravesado en una carretera, puede bloquear una entrada. Puede encontrarse en medio de un incendio. Causar daños en sus sensores o sistemas eléctricos. Puede quedar sin comunicación.
Y entonces aparece una pregunta fundamental:
¿Quién tiene el control del vehículo cuando el conductor ya no existe?
Para los bomberos del futuro, conocer la tecnología del automóvil podría ser tan importante como conocer las herramientas tradicionales de rescate.
Cuando el progreso toca el bolsillo
Pero la revolución del taxi autónomo no solamente amenaza con transformar la manera en que nos desplazamos.
También puede transformar la manera en que millones de personas trabajan.
Taxistas, conductores de plataformas digitales, choferes privados, repartidores y otros trabajadores cuyo ingreso depende directamente de conducir podrían encontrarse ante una transformación profunda del mercado laboral.
No significa que todos esos empleos vayan a desaparecer de inmediato. La adopción será gradual y dependerá de la regulación, los costos, la aceptación social, la tecnología y la capacidad de estos sistemas para funcionar en condiciones reales.
Un estudio publicado en 2026 encontró que la introducción de robotaxis estuvo asociada con una reducción del 10,9 % en el ingreso diario promedio de los taxistas tradicionales analizados.
Otro análisis sobre la economía de los robotaxis concluyó que una sustitución amplia de vehículos convencionales por flotas autónomas podría reducir considerablemente los puestos de trabajo directamente vinculados con la operación en carretera.
¿Qué ocurrirá con el hombre que durante 20 años ha vivido de conducir un taxi?
¿Qué ocurrirá con el joven que comienza su vida laboral manejando para una plataforma?
¿Qué ocurrirá con las familias cuyo principal ingreso depende de un volante?.
La tecnología puede crear nuevas profesiones, pero no necesariamente para las mismas personas ni al mismo ritmo en que desaparecen las anteriores.
La seguridad es la gran prueba
La industria tecnológica suele hablar de eficiencia, comodidad y reducción de costos. Pero cuando hablamos de transporte público, existe una palabra que debe estar por encima de todas: seguridad.
Un vehículo autónomo tiene que demostrar no solamente que puede circular cuando todo funciona correctamente.
Tiene que demostrar qué hace cuando ocurre lo inesperado.
La propia aparición del Cybercab ha obligado a las autoridades federales estadounidenses a revisar aspectos de su certificación.
La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras, NHTSA, pidió explicaciones a Tesla sobre el proceso utilizado para certificar el vehículo y sobre la posible utilización temporal de controles humanos durante ese proceso.
Eso no significa que el vehículo haya sido declarado inseguro. Significa que su tecnología y su proceso de certificación están siendo sometidos a escrutinio regulatorio.
Y ese escrutinio resulta fundamental cuando una máquina comienza a asumir responsabilidades que durante más de un siglo estuvieron en manos de seres humanos.
El automóvil que no sabe quién eres
Hay además un elemento humano que ninguna cámara puede reemplazar completamente.
Un conductor puede observar a un pasajero enfermo, escuchar a una persona pedir ayuda, advertir que alguien está en peligro o interpretar una situación que no aparece en ningún manual.
La inteligencia artificial puede reconocer objetos, calcular distancias y procesar enormes cantidades de información.
Pero la sociedad tendrá que decidir cuánto de la responsabilidad que antes recaía sobre una persona estamos dispuestos a trasladar a una máquina.
Si ocurre un accidente, vendrá otra pregunta inevitable:
¿Quién responde?
¿El fabricante? ¿El propietario? ¿La empresa que administra el servicio? ¿El desarrollador del software? ¿El sistema de inteligencia artificial?
La respuesta jurídica todavía está evolucionando al mismo ritmo que la tecnología.
No estamos ante el futuro: ya comenzó
El taxi sin conductor dejó de ser una fantasía.
Tesla ya está realizando operaciones limitadas con robotaxis y Cybercabs en Estados Unidos, mientras otras empresas también desarrollan y operan servicios autónomos.
Pero el verdadero desafío no consiste en fabricar un automóvil capaz de desplazarse sin conductor.
El verdadero desafío es construir una sociedad preparada para convivir con él.
Los gobiernos tendrán que actualizar sus leyes. Las aseguradoras tendrán que redefinir responsabilidades. Los policías tendrán que aprender nuevos protocolos. Los bomberos tendrán que conocer sistemas de inmovilización y procedimientos específicos. Los técnicos tendrán que aprender nuevas tecnologías.
los trabajadores tendrán que prepararse para un mercado laboral en el que conducir puede dejar de ser una profesión para convertirse simplemente en una función de una máquina.
La pregunta que debemos hacernos no es si la tecnología va a avanzar.
Va a avanzar.
La verdadera pregunta es si nosotros avanzaremos con ella.
Porque el día que un ciudadano solicite un taxi desde su teléfono y vea llegar un automóvil sin conductor, probablemente sentirá que está contemplando el futuro.



