Por Kelvin Ortiz Faña
En un país donde la salud debería ser una prioridad absoluta, resulta cada vez más preocupante el silencio oficial frente a una realidad que se vive en hospitales, clínicas y barrios: múltiples virus circulando, salas de emergencia abarrotadas y una población que, sencillamente, no sabe qué está pasando.
La pregunta ya no es técnica ni política. Es ética y urgente: ¿Cuándo el presidente Luis Abinader va a destituir al ministro de Salud Pública, Víctor Elías Atallah Lajam?
No se trata de ataques personales ni de rivalidades partidarias. Se trata de gestión. Y, lamentablemente, la gestión actual en Salud Pública muestra señales claras de improvisación, desinformación y ausencia de liderazgo.
En las últimas semanas, médicos y pacientes coinciden en algo alarmante: circulan diversos virus respiratorios, gastrointestinales y febriles, pero no existe una comunicación clara y oportuna por parte del Ministerio de Salud Pública.
La población no sabe si enfrenta influenza, dengue, covid, virus estacionales u otras infecciones emergentes. No hay boletines visibles, no hay alertas preventivas contundentes, no hay orientación masiva.
En salud, el silencio no es neutral: el silencio enferma.
Uno de los pilares de cualquier sistema sanitario moderno es la prevención. Sin embargo, hoy brillan por su ausencia: Campañas educativas sostenidas, jornadas visibles de orientación comunitaria, mensajes claros sobre síntomas, riesgos y cuándo acudir al médico y estrategias de vacunación debidamente comunicadas
La prevención no puede limitarse a comunicados técnicos que nadie lee. La prevención se gana en la calle, en la radio, en la televisión, en las redes, en las escuelas y en los barrios, pero no con millones de publicidad sin colocar un solo spot de prevención.
Hoy, la sensación general es que el Ministerio reacciona tarde y comunica mal.
En momentos de crisis sanitaria, el país necesita un ministro presente, firme, pedagógico, capaz de transmitir confianza y coordinar acciones.
Pero la percepción ciudadana es otra: Un ministerio distante. Una vocería débil y una estrategia confusa.
Mientras tanto, crecen las consultas, aumentan las hospitalizaciones y se multiplican los rumores. Cuando el Estado no informa, la desinformación ocupa su lugar.
El presidente Abinader ha demostrado en otras áreas que sabe corregir cuando una gestión no da resultados. La pregunta es por qué, en un tema tan sensible como la salud, se sigue prolongando una administración que no convence ni tranquiliza a la población.
Destituir a un ministro no es un acto de debilidad. Es, muchas veces, un acto de responsabilidad.
Los virus no esperan calendarios políticos. Las epidemias no respetan discursos oficiales. Y los ciudadanos no merecen vivir entre la incertidumbre y el miedo.
Por eso, insistimos: ¿Cuándo Abinader va a destituir al ministro de Salud Pública? Porque cuando la salud falla, falla todo.
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