Editorial

Cosas bien hechas que parecen mal

@abrilpenaabreu

Hay decisiones que, aunque estén bien tomadas en derecho, se perciben como injustas. El caso Jet Set es uno de ellos. Desde el primer momento advertimos que esta historia crisparía a una población harta, descreída y con justa razón, sedienta de justicia. Pero también dijimos algo impopular: que con las leyes que tenemos, difícilmente se lograrán condenas ejemplares en los términos que la gente espera.

La medida de coerción dictada por la jueza va en la línea correcta del debido proceso: la prisión preventiva debe ser la excepción, no la regla. Pero en un país donde esto casi nunca se cumple, donde en los casos de corrupción suelen dictarse 18 meses de prisión preventiva y donde si por la Procuraduría fuera, algunos todavía estuvieran presos sin juicio, donde hasta por robarse un pan te dan ese tipo de medidas, no deja de sorprender —y molestar a muchos— que sea justo en este caso, con más de 200 muertos, donde un juez resista la presión social y actúe conforme a la norma.

Ahora bien, lo que parecía un acto de institucionalidad pierde fuerza cuando se contamina. Porque nadie pareció reparar en algo esencial: que la jueza que dictó la medida podría tener vínculos comerciales —a través de su familia— con los círculos del imputado. No es un rumor nuevo. Se ha mencionado una y otra vez quiénes son sus supuestos socios. No lo han desmentido. La jueza, al parecer, es hija de un socio de ellos. ¿Y nadie en el Ministerio Público lo sabía? ¿Ni el Poder Judicial? ¿Ella misma no vio la necesidad de inhibirse?

Una acción correcta se vuelve sospechosa cuando se percibe como parcial. Y eso es justo lo que ha pasado. En un país donde todo el mundo se conoce, y donde la confianza institucional está por el suelo, no se pueden permitir descuidos como este. Porque no basta con hacer las cosas bien; hay que parecerlo también. La mujer del César no sólo tiene que ser Seria, lamentablemente.

Por La Paz social, hay que pisar fino. Que no digan después que “nadie lo vio venir”.

Cuidadito, compay gallo.

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