Coronavirus. Efectos y enseñanzas

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Por José Espinosa Feliz. Ing. Civil y expresidente del CODIA


La mayoría de los eventos catastróficos que se producen son de índole locales o regionales, sin embargo, las pandemias, y algunos que otros eventos en especial, afectan en cierto sentido de manera global, convirtiéndose en una desgracia mundial.

¿Hemos provocados nosotros esta desgracia, que el planeta, como sistema auto renovable haya impuesto, a su manera, la forma de alejarnos de las calles y de los centros de contaminación?  ¿O todo esto, son suposiciones insustanciales, para poner a la madre naturaleza como autora de esta crueldad? O por el contrario, ¿prevalecería la teoría de que, el murciélago y el Pangolín hayan mutado el virus e infectado al primer ser humano, y de ahí, la propagación del temible Covid-19?

 Otras teorías se tejen, como aquellas que nos muestran en películas: donde con sentidos aviesos, se produce en laboratorios la fabricación de virus, y que luego, se salen del control de sus inventores, poniendo en peligro a toda la humanidad, también están, los que predican que esta pandemia está escrita en la biblia, y que es un designio de Dios, como castigo por la desobediencia de sus mandamientos

Todas son teorías a confirmar y, otras, que muchas veces se quedan en las conjeturas de acusaciones interesadas en el orden político global. Independientemente de todo, la realidad, es que el mundo esta acorralado: hay una población indefensa, y este virus ha puesto a los gobiernos en “jaque mate”, y, por consiguiente, una economía, que, al fin, quedará en cuidados intensivos.

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Nadie acepta una desgracia como parte de una posible solución. Desde el punto de vista de la psicología humana es un absurdo. ¿Quién les diría a los familiares de los muertos que esto ayudaría al planeta? Y que es una repuesta de la naturaleza al abuso que cometemos contra ella, o que unos indolentes crearon el virus con motivos perversos.

Enseñanzas que nos deja

Quizás debemos acogernos al refrán que expresa: “que todo lo malo, algo bueno tiene”. ¿Hasta dónde la contaminación llevaría al mundo a una catástrofe irreversible y total? Lo cierto es que, COVID-19: ha recogido al mundo, lo ha arrinconado y arrodillado a sus pies. Dentro de esa maldad e innegable dolor, nos ha enseñado que somos seres vulnerables, y que debemos ser más humanos, que lo más importante es la vida, muy por encima de las propiedades y de todos los bienes materiales.

COVID-19 nos ha enseñado lo valioso que es la familia, que nadie quiere que alguien se infecte, pero también, que la infección de uno, es la amenaza de todos, es decir, que nos hemos vuelto más empáticos y considerados. Hemos podido entender que las relaciones y el calor humano tienen sentido. También, hemos dado una miradita a nuestros padres y abuelos, a nuestros hermanos y amigos, es decir, que, este monstruo nos ha vuelto más compasivo y más paciente, paradoja de la vida, pero es así.

Covid-19 nos ha dejado ver que la libertad no tiene precio. Que las cosas materiales, tan importantes, ahora valen poco. Que el poder, los lujos y las “comparonerías” no nos alejan del peligro. Quizás al final, este virus nos deje curado del: egoísmo, la intolerancia, del odio, las diatribas y la maldad.

Aunque estamos llenos de preocupaciones, en cierto modo, hemos cambiado el ciclo del tiempo. Se acabó la prisa: ya nos no interesan los minutos, ni las horas, ni los días de la semana, solo existe: día y noche.  Ahora, como dice la canción, “toda la semana parece domingo”. Son enseñanzas que debemos aprender.

Hemos llorados familias, amigos y hasta personas que nunca conocimos, porque nos sensibilizaron por lo prematuro de sus partidas. Covid-19, nos ha despertado del ambiente envenenado y tóxico en que vivimos, rompiendo la burbuja de la indolencia y del individualismo. Ya nos ha enseñado el valor de caminar libremente por las calles: de encontrarnos nueva vez, de besarnos y darnos las manos, de amar, de protegernos, de abrazarnos de corazón.

Dios nos ha dado la oportunidad de reencontrarnos consigo mismo, con nuestras familias y con la dura realidad, ha accionado el freno que llevaba la carroza al desfiladero, para empezar nueva vida. Entendámoslo así. Muchas cosas cambiarán.

Cuidémonos y cuidemos a los demás. Las palabras claves para combatir el virus son: quedarse en casa (contrarresta el virus) y pruebas masivas (localiza el foco viral).

Al final, todos algo perderemos, pero quien haya conservado la vida, habrá ganado mucho.  

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