Por Rafael Linares Guerrero.
No podemos analizar seriamente la criminalidad y la violencia en la República Dominicana sin estudiar los factores sociales, familiares, educativos, económicos y psicológicos que afectan a nuestros jóvenes y adolescentes.
Me detengo en un secreto a voces: el consumo de marihuana o cannabis sintético entre una parte de la población joven dominicana y sus riesgos para la salud. Pero ¿quién está evaluando esta realidad para prevenir consecuencias médicas y sociales?
Una investigación publicada el 20 de febrero de 2026 en JAMA Health Forum estudió una cohorte de 463,396 adolescentes de entre 13 y 17 años, con seguimiento hasta los 25. El consumo de cannabis durante la adolescencia estuvo asociado con un riesgo 2,19 veces mayor de desarrollar trastornos psicóticos y aproximadamente el doble de riesgo de trastorno bipolar. También se observaron asociaciones con trastornos depresivos y de ansiedad.
Aunque el estudio no demuestra que todo adolescente consumidor desarrollará una enfermedad psiquiátrica, revela una asociación preocupante que no debe ser ignorada.
¿Cuál es el estudio médico dominicano que nos permita conocer cuántos jóvenes han caído en el consumo de cannabis? Estamos ante un asunto que involucra factores sociales, biológicos y psicológicos; hablamos de salud pública.
No esperemos que aparezca el delincuente para preguntarnos por el adolescente. La prevención debe comenzar antes del delito, desde el hogar, porque la familia, junto al Estado, constituye una barrera frente a la delincuencia juvenil.
La República Dominicana aún puede enfrentar el problema desde sus raíces. Hay que escuchar a nuestros adolescentes, orientarlos, ponerles límites, ofrecerles oportunidades y atender su salud mental.
Porque detrás de muchos adultos que mañana podrían representar un problema para la sociedad, hoy existe simplemente un adolescente esperando que alguien le preste atención.
La seguridad ciudadana también comienza ahí.



