Opinión

Constitución y juego político

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Por Onofre Salvador Fulcar


Una década después de proclamada el acta que nos declaraba como República independiente, nos referimos al año 1854; se produce la primera modificación constitucional. Desde ese momento, hasta el 2015, se han producido 39.

Al observar tan abultado número, es fácil entender que el marco institucional del país, ha sido variado en buena parte para complacer intereses políticos absurdos, con sus excepciones, que las hay.

La Carta Magna fue objeto de una importantisima reforma en el año 2010, la que tuvo a bien cambiar y remover contenidos anticuados para la realidad que vivimos como país, entregándonos una estructura normativa que nos apuntaló hacia la consecución de un Estado moderno, a partir de una visión innovadora.

No se debe pasar por alto que con ella y sus mandatos, hemos visto surgir el Tribunal Constitucional, Superior Electoral, Administrativo, Defensor del Pueblo, entre otros, a lo que se agregan leyes como la 107-13 sobre procedimientos administrativos, 247-12 u Orgánica sobre la administración pública, entre otras no menos importantes, que poco a poco van consolidando el estado de derecho.

La Constitución referida, estableció plazos para la elaboración de leyes y otros elementos normativos; algunos ya resueltos y otros que permanecen como materia pendiente, a la espera de ser completados por los órganos legislativos, lo que la haría más eficaz en sus propósitos.

Hablar o aventurarse a una modificación a nuestra Carta Sustantiva, sin desarrollar en el tiempo, el avanzado e innovador contenido de la actual, significaría seguir el mismo derrotero de pasos negativos anteriores, que empañan lo ya ganado y nos devuelve al nocivo círculo vicioso de los parches constitucionales.

La Constitución proclamada el 26 de enero del año 2010, tiene todo lo que necesita esta nación para cimentar fuertes raíces institucionales. Basta revisar los antecedentes para que se entienda que no podemos, por caprichos políticos u otros intereses, relajar tanto con ella, sobre todo cuando no se visualiza una necesidad que lo amerite.

Tenemos otras urgencias, tales como pandemia, fiebre porcina, brutal carestía de los artículos de consumo obligado, entre otras peligrosas amenazas, que requieren grandes esfuerzos y concentración.

Dejemos los inventos!