Por Manuel Berroa
De una «Epéntesis» para dar nombre a una caricatura de una revista en tiempos de la tiranía Trujillista, hemos tenido que arrastrar por largos años el enorme descalabro que ningún gobierno ha podido controlar, porque siempre se han dejado amedrentar de los empresarios del transporte, que llaman a sus «subyugados sustentadores» pobres padres de familia, que por tal definición han llegado a creerse amos absolutos de las calles, avenidas y espacios que utilizan.
Son un cristal de Belén que no pueden ser tocados por nadie, porque si lo hacen, están lesionando todos sus derechos y vulnerando su fragilidad económica en todos los sentidos… No pagan impuestos directos como ciudadanos que aunque no estén en una nómina auditable, algunos llegan a ganarse más de $70 u $80,000 pesos al mes, pero al usuario que tiene que pagar el pasaje que su salario supera una X cantidad si tiene que cargar con el impuesto de ese pobre padre de familia.
Son capaces de amenazar un gobierno y desafiarlo de manera pública, sin que haya un régimen de consecuencia ejemplarizante, porque no ven ni les interesa el bienestar de la población como ellos dicen, si no todo lo contrario, quieren que esa población a la que ellos mal defienden, sigan pasando toda clase de trabajo para movilizarse de un lugar a otro, en vehículos destartalados, con chóferes imprudentes e inconscientes frente a un volante, no quieren que la problemática del transporte se le busque una solución, porque quieren seguir amasando fortuna a costillas de los vulnerados pasajeros que necesitan el servicio, no avanzaremos a un desarrollo como país, si esa figura gramatical que convertimos en «verbo» y en «gerundio», no lo extirpamos de una vez y para siempre.



